Capítulo 2 Una noche con él
Bianca no sabía dónde meterse. Había protegido a su hermana incontables veces, pero esto era diferente.
—¿Cómo pasó esto? —preguntó —. ¿En qué momento ocurrió?
Su hermana no supo responderle. Bianca la agarró por los hombros y la sacudió.
—¿Cómo pudiste hacer una cosa así? ¿Te volviste loca? —reprendió —. Te permití muchas cosas, te cubrí tus escapadas y hasta ensucié mi nombre por ti. Asumí culpas que no eran mías por tu bienestar, porque quería que experimentaras un poco de libertad. ¡Pero esto...! ¡No creí que fueras tan tonta y descuidada!
—Perdóname, hermana. Lo siento, entiendo que estés enfadada. Me dejé llevar... yo no creí que fuera a casarme antes que tú. ¡Y mucho menos con él!
—¡Pero tú lo sabías! —susurró —. Sabías que Rocco quería una esposa virgen y que tú debías de ser esa mujer. ¿Cómo es que te atreviste a tener un amorío?
—Te juro que cuando pasó todo yo no sabia nada —prometió Verónica —. Fue hace varios meses, antes del compromiso con Rocco. Me entregué y yo solo... —negó con la cabeza —. Pensaba pedirle a nuestro padre que me dejara casarme con él.
No daba lugar a lo que escuchaba. Bianca había mantenido a su gemela protegida, siempre refugiada detrás de su espalda. Nunca imaginó el mal que le estaba haciendo al no permitirle sufrir las consecuencias de sus actos.
—Esto es culpa mía —susurró —. Te he protegido toda mi vida, por eso eres tan arriesgada. Es mi culpa por hacerte así... ahora todos vamos a morir.
Veronica comenzó a negar.
—¡No es así! Yo cometí un error, Bi, pero tú lo puedes arreglar. Toma mi lugar. Acuéstate con él. Yo sé que tú sigues siendo pura, Rocco ni siquiera se dará cuenta de que hemos cambiado.
Bianca se quedó pensativa, tratando de hallar otra alternativa. Si ella hacía lo que Verónica le pedía, salvaría su vida y la de su familia, pero si su futuro esposo se daba cuenta de que ella ya no era virgen, entonces todo el sacrifico habría sido en vano. En la mafia, las mujeres eran valoradas por su pureza y obediencia.
Sin embargo, si dejaba que su hermana enfrentara esto sola, no podría perdonárselo.
No existía un hombre más cruel y despiadado que Rocco.
—Está bien —aceptó después de pensarlo, resignada —. Lo haré.
Su gemela se deshizo en sollozos. Una sonrisa de alivio y agradecimiento abarcó todo su rostro.
—Gracias, hermana. Gracias, gracias...
Bianca cerró los ojos y tragó el nudo en su garganta.
—Quítate el vestido. No tenemos mucho tiempo. Pronto vendrán a buscar a la novia y tenemos que haber intercambiado para entonces.
Las dos hermanas no perdieron tiempo. Bianca se metió en el vestido de novia y se dejó el cabello suelto, pues le tomaría demasiado tiempo igualar el recogido que había llevado horas peinar. Verónica se secó las lágrimas, se arregló el cabello y maquilló su rostro igual que el de su gemela. De esta manera, no existía ninguna diferencia entre las dos. Eran idénticas centímetro a centímetro. Ni siquiera sus padres podrían reconocer quién era quién.
Cuando terminaron, su madre apareció en busca de la novia. Verónica y Bianca compartieron una mirada significativa, antes de que la señora Moretti le diera unas palabras de aliento a Bianca pensando que era su otra hija, luego se la llevó.
Verónica se quedó sola en la habitación.
—Espero que no te descubran, Bianca —murmuró —. O las dos moriremos esta noche.
En la recepción, Rocco Lombardi aguardaba por el aviso de la madre de su esposa. La joven con quien había contraído nupcias entró en pánico a pocas horas de la noche de bodas y se había encerrado en su habitación hacía treinta minutos, envuelta en un manojo de nervios incontrolables.
Paola Moretti se había disculpado con él, alegando que su hija nunca había estado con ningún hombre y por ende se sentía nerviosa de su primera noche juntos. Pidió su comprensión, asegurándole que tan pronto se tranquilizara, Verónica lo estaría esperando en su cuarto para satisfacerlo.
—Tu pobre esposa no puede ocultar el terror que siente por ti —se burló su primo Giann —. Ya lleva bastante tiempo llorando.
—Ella no está llorando —replicó Rocco con fastidio —. Sus padres juraron que es virgen. Cualquier chica inexperta tendría miedo por su primera vez.
—Como digas. Escucha, sé amable con ella, ¿quieres? La pobrecita ya lidia con suficiente al casarse contigo.
Rocco blanqueó los ojos, decidido a ignorar los comentarios sin sentidos de su primo.
La joven hija de los Moretti había demostrado ser asustadiza y complicada. Tan solo la había visto en cuatro ocasiones a lo largo del compromiso, uno de esos encuentros había ocurrido en el altar, cuando pronunciaron sus votos y la tuvo que besar. No fue tierno ni apasionado, sino bruto y seco.
Verónica no dejó de temblar a partir de ese momento.
Cuando pidió una esposa obediente y leal, no tenía pensado a una chiquilla nerviosa que se deshacía de miedo con una simple mirada. Por eso había pedido a la hija mayor en primer lugar.
Bianca Moretti, la gemela con mirada de acero que apartaba a los hombres sin necesidad de gritar.
Pero los Moretti insistieron en que Verónica era una mujer mucho más apropiada, alegando que la gemela mayor era más frívola que afectuosa, que no encajaba con lo que él quería. Además, mencionaron que su hija menor era más fértil y le encantaban los niños, perfecta para sostener el hogar.
—Bianca Moretti habría sido una opción más sabia —murmuró.
Giann arqueó una ceja.
—No lo creo —replicó —. ¿Bianca? Es preciosa y seguro que le será fiel a quien sea el pobre diablo de su marido, pero tiene un carácter imposible.
«El tipo de mujer que necesito», pensó Rocco.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó en cambio —. ¿La has tratado de seducir?
—¿Yo? ¡Claro que no! —se rio —. Ella no es mi tipo. Me gustan las mujeres que requieran protección. Me gusta que sean... fáciles. Bianca es todo lo contrario. Creo que sus padres no saben qué hacer con ella, a lo mejor la terminan casando con un soldado. Recuerda mis palabras.
Rocco no dijo una palabra al respecto. No tenía caso. Él estaba casado con la gemela menor ahora y no había forma de deshacerlo.
En ese momento, la madre de su esposa apareció. Sonreía con entusiasmo.
—Señor Lombardi. Perdone la demora... Verónica ya está calmada. Lo está esperando en la habitación matrimonial.
