Capítulo 31 No juegues con mi paciencia

Toda la sala se quedó en absoluto silencio.

—¿Bianca? —repitió Rocco, sus ojos se habían oscurecido tanto que parecían carbón puesto al fuego.

El nerviosismo comenzó a revolver el estómago de Bianca, poniéndole la piel de gallina.

—Yo... puedo explicarlo, te lo juro —comenzó a decir, luego se dir...

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