Capítulo 6 Primera tentación

Han pasado 2 semanas desde que estoy aquí; debo de decir que me ha gustado estar haciendo enojar a Dante y molestándolo.

Pero cada vez es más difícil no caer ante la tentación de este hombre.

Y sí, cada vez que hago enojar a Dante, él siempre busca la manera de vengarse de mí tocándome o besándome.

"No lo sé, he pensado en un tipo de plan que espero y funcione".

Durante mi estancia en esta casa "buen secuestro" he podido ver que tiene muchas cosas asombrosas, una de ellas una piscina que emociona.

—Voy a ponerme el traje de baño para salir a la piscina —lo digo con una voz de emocionada.

¿Qué bueno que Dante no está? Bueno, eso creo; siempre duerme conmigo en la misma habitación, solo que cuando yo despierto en ocasiones no está.

Entro a la habitación, abro uno de los cajones y saco un lindo traje de baño color azul.

Me estoy desabrochando los pantalones, pero me detengo: "será mejor que vaya y me cambie al baño, qué tal y Dante entra y me vea así", pienso. Abrocho el pantalón de nuevo, tomo el traje de baño y me acerco al baño.

Mientras me comienzo a acercar a la puerta escucho ruidos raros; la curiosidad me llama. Pego mi oído a la puerta y esos ruidos se intensifican.

—Mmm, ¡Ah! —se escucha eso.

Quien está en el baño. Tomo la perrilla de la puerta y la abro con cuidado. Asomo mi cabeza por la puerta y lo que veo me deja en estado de shock.

Es Dante, está completamente desnudo. Se está tocando de su parte con su mano. Se está masturbando; veo su pecho bien formado; voy bajando, veo sus piernas y me detengo en su parte.

—Esa cosa es muy grande y gruesa —digo en susurro para que no me escuche.

Quedo con la boca abierta al ver semejante escena. Sin darme cuenta dejo caer mis cosas y al caer al piso hacen ruido. Me alejo un poco de la puerta.

—Mierda —menciono despacio. Comienzo a escuchar pasos acercándose.

Cuando estoy a punto de salir corriendo escucho su voz.

—Te gusta lo que viste —oigo una voz sexy.

No darme la vuelta. Sé que está desnudo y que yo debo de tener la cara como un jitomate.

—Yo no vi nada —intento que mi voz suene lo más normal posible e intento sacarme de esta situación.

—No necesitas negarlo, sé que lo estabas haciendo —declara.

Comienzo a escuchar cómo se acerca a mí. Sin aviso me toma de la cintura y me da la vuelta. Los dos nos quedamos viendo a los ojos; sin más me besa y le respondo a su beso.

Me besa muy salvajemente; él ha despertado algo en mí; no sabía que todo esto se podía sentir.

Me carga y yo lo abrazo con mis piernas; me lleva hasta la cama, me besa el cuello y comienza a quitar mi playera, después mi pantalón, y poco a poco me va dejando completamente desnuda.

Se aleja un poco para verme y se abalanza sobre mí. Me chupa mis pechos, y con su mano siento que mueve su miembro en mi parte para arriba y para abajo.

Me encanta, sus besos van bajando mi estómago; llega a mi parte y veo cómo me chupa, juega por mi parte.

Comienzo a sentir un hormigueo en mi vientre, no sé qué sea, pero me gusta, le tomo el cabello, siento como chupa y muerde la parte sensible de ahí.

Comienzo a sentir ese hormigueo más y más fuerte hasta que explota.

—¡Ah! —es el único sonido que sale de mi garganta.

Siento como mi cuerpo está tan indefenso, me gusto demasiado eso y mis piernas se sienten débiles. Él se sube arriba de mí y se me acerca al oído.

—Espero y lo disfrutarás porque esta es solo una excepción; si quieres volverlo a sentir tú tendrás que venir a mí —susurra al oído.

Se separa de mí, toma una bata y se marcha de la habitación. Comienzo a entrar en razón. Veo lo que acabo de hacer y lo que acabo de sentir.

—¡No, soy una fácil, como pude caer en su juego! —estoy enojada conmigo—. Debo de ser más lista la próxima vez. Pero me gusto.

Debo de pensar mucho mejor y jugar mejor que él.

Dante

Salgo de la habitación antes de caer ante la tentación. Fue muy difícil aguantarme y no hacer la mía. Llego a mi despacho, me siento en la silla y pongo mi mano en la cara.

—Las cosas que tengo que hacer por esa niña —digo defraudado de mí.

En eso comienza a sonar mi teléfono; lo tomo y veo que es mi madre.

—Hola —es lo único que digo. Soy muy despegado de mi familia.

—¡Como que nada más, hola! Soy tu madre, que no te importo —grita mi madre por el teléfono. Mi madre tiene un temperamento fuerte, bueno, lo heredé de ella.

—¿Qué quieres, madre? —declaro fríamente.

—Hijo de puta, como te atreves a contestarme así, el día que te vea te irá muy mal —expresa enojada.

—Madre, ya no soy un niño —le recuerdo.

—¡Escúchame, cabrón, soy tu madre, merezco respeto y el día que te quiera poner tu chinga lo hago yo te parí! —gruñe de enojo.

—Madre, me llamaste para regañarme; si es así entonces ya tuve suficiente —la detengo porque quiero saber qué necesita mi madre.

—Crees que no sé por qué secuestraste a la hija de Lauro Accardi —escucho su voz más tranquila.

—Sí, madre y eso que yo les dije que buscaba a alguien —le recuerdo.

—Sí, y por lo que nos dijiste, ella no está familiarizada con el negocio de su familia —agrega.

—¿Madre, si ya sabes toda la historia, dime que tramas? —oigo un pequeño suspiro al otro lado.

—Bien, como sabes, hoy celebraremos tu padre y yo nuestro aniversario número treinta y dos; queremos que vengas y traigas a la joven —me quedo un poco pensativo que tramará mi madre.

—¿Madre, que tramas? A mí no me puedes mentir —sé que mi mamá no actúa solo porque sí.

—Hijo, solo quiero conocerla y también sabes, quiero saber cómo es mi futura nuera y saber si podrá darme unos nietos fuertes y hermosos —escucho por el teléfono que mi madre suspira; sé que ella quiere nietos.

—Madre, ella no será tu nuera —le dejo claro.

—Te haré que te crees, hijo, así que te exijo que estés esta noche aquí con ella; venga, elegantes, estará toda la familia, socios y algunas otras familias. Si no vienes iré por ti y te traeré de los huevos —solo me dice eso y termina la llamada.

Suspiro y tomo con mis manos mi cabeza. "Solo porque es mi madre lo haré".

Salgo de mi despacho y me voy a la habitación; busco a Anabela; se acaba de salir del baño y solo lleva una toalla. Se ve tan sexy.

Ella solo me ve con cara de gato asustado. Me acerco a ella.

—Hoy iremos a una celebración con mis padres, así que vístete elegantemente —declaro y ella empieza a poner su carita de enojada.

—Yo no iré con tus padres.

No me gusta cuando me responde; solo provoca que me enoje. La tomó del brazo; ella se asusta y deja caer su toalla; está desnuda. La llevo hasta donde está el espejo y la siento frente a él.

—No te estoy preguntando si quieres ir, es una orden, tú irás conmigo, así que prepárate o te llevaré con lo que sea que lleves puesto, aunque te lleve desnuda —gritó enojado; ella solo me mira y toma su cepillo y se comienza a peinar.

Tomo mi esmoquin y salgo de la habitación; si sigo viendo a mi niña caeré en tentación. Me voy a otro cuarto, me arreglo, me pongo mi esmoquin elegante completamente negro, y peino mi cabello elegantemente.

Estoy listo, salgo de la habitación y espero a mi niña al final de las escaleras. Me estoy desesperando; voy a tener que ir por ella, juntos. Cuando voy a dar el primer paso, volteo hacia arriba y la veo bajar.

Trae un lindo vestido azul pegado a la parte de arriba de su cuerpo y puedo ver que tiene dos cortadas, una en cada pierna porque mientras camina veo cómo se ven sus piernas. También noto que tiene un escote muy atrevido.

Me encanta verla así, sé hermosa, pero no me gusta verla tan provocativa.

Llega hasta a mí y puedo oler su perfume, veo que está maquillada y se ve muy hermosa. "Qué tonterías, estoy pensando de ella, no te enamores", me digo a mí mismo.

No quiero discutir con ella, así que solo la tomo del brazo y salimos. Subimos los dos al auto, en treinta minutos vamos llegando a la casa de mis padres; veo a mi niña y veo que tiene cara de asombro; si lo sé, la casa de mis padres es enorme.

Llegamos al auto, deja de moverse bajo y le tomó la mano Anabela. Los dos comenzamos a caminar a la enorme puerta de la casa de mis padres. Las puertas se abren; adentro está toda la familia Ferrara; hay más personas que de costumbre.

Noto que todos nos comienzan a ver; algunas mujeres se sorprenden al ver que llego con una mujer; son pocas las veces que después de mi ex prometida vengo acompañado de otra mujer que no sea ella.

Llegamos con mis padres, mi madre inmediatamente me abraza y mi padre solo me ve a mí y a Anabela con cara de completo enojo.

—Hijo mío, ¿ella debe de ser Anabela? —pregunta mi madre. Se voltea hacia Anabela y la toma de las manos.

—Anabela, te presento a mi madre Martha Ferrara, madre, te presento Anabela Accardi, pero creo que esas palabras sobran; tú ya la conoces —le digo a mi madre y me voltea a ver con una mirada asesina.

—Siempre tan irrespetuoso con tu madre —manifiesta y se lleva Anabela. Me acerco a mi padre.

—Hijo, ¡ahora compruebo que eres un idiota, como se te ocurre secuestrar a la hija de nuestro enemigo! —brama mi padre muy enojado.

—Padre, tú sabes bien por qué lo hago —mi padre me ve con ojos de queriéndome matar.

—Bueno, espero que cumplas con tu palabra y no termines enamorado de ella —me dice mi padre todavía molesto.

—No, padre, no me enamoraré de ella; tú sabes para qué la quiero —le digo eso y comienzo a buscar Anabela.

Veo a mi madre sola atendiendo a unos invitados, pero no veo a Anabela.

De inmediato me acerco a mi madre.

—¿Dónde está Anabela? —le susurró a mi madre en el oído.

Ella me ve y después mira hacia todos lados buscándola.

—No lo sé, hijo, aquí estaba, no sé dónde se fue... —No dejó que termine de hablar mi madre y me voy. "Espero y no intente escapar de nuevo".

Salgo casi corriendo, voy a la entrada y veo que la puerta principal está cerrada.

No escapar por aquí; me voy a la parte trasera del jardín de la casa.

Llego junto a la enorme fuente, pero no hay rastro de ella.

—Awww, suéltame —escucho el grito de una mujer que proviene del invernadero de mi madre.

Corro hacia dónde está el invernadero, encuentro partes del vestido de Anabela y me comienzo a enojar.

Voy hacia el interior del invernadero y veo una escena que hace que me hierva la sangre.

Veo a un hombre tocando a mi niña. Ella lo golpea, pero él está en medio de sus piernas. Besando su cuello y tocando uno de sus pechos.

El enojo me ciega por completo y actúo sin penar.

Me acerco al hombre, lo aparto de golpe y cae al piso; se levanta y se abalanza sobre mí; con mi puño impacta en su cara y él cae al piso.

Me voltea a ver y de su boca sale sangre.

Saco mi arma y sin pensar le disparo en ambas manos. En tan solo minutos llegan más personas, mis padres entre ellos.

Mi padre se me acerca muy enojado.

—Qué demonios haces, hijo, mira lo que acabas de hacer —con la voz de mi padre comienzo a entrar en razón y veo que le acabo de disparar a uno de nuestros socios de Rusia.

No digo nada; me volteo hacia dónde está Anabela; mi madre está con ella; abrazándola puedo oír que está llorando.

—Esto no se quedará así, quieren una guerra, eso tendrán —grita el hombre al que le acabo de disparar.

—Fue un malentendido —solo escuchó que dicía eso mi padre.

No escucho nada de lo que discuten. "No sé qué me pasó porque actué así"; estoy muy sumergido en mis pensamientos.

Mi padre me prohibió asistir a la reunión para arreglar el malentendido.

Estoy en mi habitación sentado, tomando un vaso de whisky, pensando en todo lo ocurrido.

"Soy un pendejo, porque me cegó eso" me digo a mí mismo.

Escucho que tocan a la puerta, me levanto de mala gana y la abro.

Me sorprende, es Anabela, ahora que quiere esta niña que solo me trae problemas...

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