Capítulo 1 El sabor del peligro

El aire en el área privada de la cafetería se había vuelto denso, y la temperatura comenzaba a escalar de una forma que a Fabiola la estaba mareando.

—Si crees que jugar en la misma liga en Discord te da derecho a acorralarme así, estás muy equivocado, Ares —susurró ella. Intentó mantener su habitual tono firme de ejecutiva, pero la respiración agitada y el leve temblor en sus labios la delataron por completo.

Gabriel no dio un solo paso atrás. Al contrario, se inclinó más hacia ella, acortando la distancia hasta que sus hombros chocaron y el espacio personal desapareció.

—No te estoy acorralando, Nix. Solo estoy comprobando si eres tan implacable en persona como con un rifle en la pantalla —respondió él. Su voz bajó a un tono cautivador y espeso que le erizó la piel del cuello.

Fabiola sintió el calor directo de su aliento y, un segundo después, la firmeza de su mano rodeándole la cintura por encima de su ropa. Sentía que la estaban poseyendo y, aunque su mente le gritaba que parara, le gustaba. Le gustaba demasiado. Los ojos de Gabriel, oscuros y fijos en los suyos, la estaban desarmando por completo, arrastrándola hacia un deseo animal y ciego. Estaban a nada de perder el control ahí mismo, sobre la mesa de madera del lugar, pero el orgullo de Fabiola reaccionó justo a tiempo. No iba a ser una conquista fácil para el misterioso chico que la volvía loca en línea. Con un esfuerzo supremo, se apartó de golpe, acomodándose el saco mientras intentaba recuperar el aire y la compostura.

Gabriel la miró fijamente, con una sonrisa de medio lado, mientras metía las manos en los bolsillos de su chaqueta. En su mirada no había burla, sino una fascinación absoluta. Nadie lo frenaba así en el mundo real. Nadie. Por eso ella llamaba su atención, desconocía quién era él y quería saber qué haría cuando lo descubra.

Para entender cómo habían terminado en ese lugar, a punto de cruzar una línea sin retorno, hay que retroceder apenas veinticuatro horas atrás, cuando sus vidas se reducían a píxeles y voces distorsionadas por un micrófono.

La noche anterior, una pantalla era lo único que iluminaba el cuarto de Fabiola, totalmente inmersa en su videojuego. Era muy veloz con sus dedos, nadie sabría que en la soledad era de las mejores. Fuera de esa habitación, ella era la estratega corporativa de CER Software, una mujer que vestía con mucha elegancia y tenía que lidiar con directivos viejos que querían destruirla por completo. Pero a las dos de la mañana, bajo el alias de Nix, solo importaba el juego.

—A tu izquierda, Ares. Hay dos emboscados en la torre —soltó por el canal de voz de Discord.

—Ya los vi. Quédate atrás, déjamelos a mí —la respuesta de Gabriel llegó de inmediato. Esa voz ronca y baja ya era su adicción nocturna.

No sabía cómo se llamaba en realidad, pero la forma en que jugaba —con una agresividad táctica despiadada y un control absoluto— la tenía enganchada. De inmediato él actuó como siempre lo hacía, impecable y finamente terminaron ganando la partida.

—Te dije que cubría tu espalda, Nix. Siempre lo hago —dijo él, y se notaba la sonrisa detrás del micrófono—. Pero me gusta más cuando me miras ganar, preciosa.

Fabiola se sorprendió de inmediato. La palabra "preciosa" flotó en el aire, demasiado íntima y fuerte para usar en ese contexto.

Del otro lado de la ciudad, en un piso de lujo del sector norte, Gabriel se reclinó en su silla, pasándose una mano por el pelo. Sus ojos estaban cansados. En unas horas tendría que ponerse un traje caro, bajar a los muelles comerciales y actuar como el heredero serio y despiadado que su familia mafiosa exigía que fuera. Aborrecía esa vida de violencia; le aterraba pensar que terminaría perdiendo su humanidad por cumplir con su familia y el legado que manejaban. Por eso se refugiaba en la noche, en la única persona que no le tenía miedo porque no sabía quién era en realidad.

—La temporada termina mañana —soltó Gabriel, rompiendo el silencio—. Creo que ya es hora, Nix. Hora de apagar las pantallas. Conozco una cafetería con reservados privados en el centro del distrito financiero. Quiero ver si eres tan imponente en persona como lo eres aquí.

El pulso de Fabiola se aceleró, no por el juego, sino por la propuesta. Era peligroso mezclar su lugar seguro digital con la realidad, pero el deseo que llevaba meses cocinándose a fuego lento la empujó a aceptar.

—Mañana a las cuatro, Ares. No llegues tarde.

Al cortar la llamada, el silencio volvió a la habitación. Ninguno de los dos imaginaba que, al pactar esa cita, acababan de encender la mecha para que el mundo de la alta tecnología corporativa y el sangriento subsuelo de la mafia chocaran en un fuego cruzado del que ninguno saldría ileso.

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