Capítulo 3 Fuego cruzado

Lo único que se escuchó en ese momento fue la puerta corrediza cerrarse. Fabiola ni siquiera tuvo tiempo de avanzar hacia el sillón. Gabriel giró sobre sí mismo quedándose frente a frente, acortando los pasos entre ambos hasta que la espalda de ella chocó suavemente contra el borde de la mesa de madera.

Ahí fue donde el tiempo se detuvo. Llegamos a donde habíamos quedado al inicio del primer capítulo, ese momento exacto donde la tensión de ambos estaba por la nubes en lugar privado donde nadie los molestaría.

El aire se volvió denso, la temperatura comenzó a subir de una forma que a Fabiola la estaba asustando, pero le encantaba. La distancia formal que habían mantenido en el salón principal de la cafetería se evaporó, reemplazada por la brutal química que llevaban meses conteniendo detrás de una pantalla.

—Si crees que jugar en la misma liga en Discord te da derecho a acorralarme así, estás muy equivocado, Ares —susurró ella. Intentó mantener su habitual tono firme de ejecutiva, pero la respiración agitada y el sutil temblor en sus labios la delataron por completo.

Gabriel no dio un solo paso atrás. Al contrario, se inclinó más hacia ella, acortando la distancia hasta que sus hombros chocaron y el espacio personal desapareció por completo.

—No te estoy acorralando, Nix. Solo estoy comprobando si eres tan implacable en persona como con un rifle en la pantalla —respondió él. Su voz bajó a un tono cautivador y espeso que le erizó la piel del cuello.

Fabiola sintió el calor directo de su aliento y, un segundo después, la firmeza de su mano rodeándole la cintura por encima de su ropa. Sentía que la estaban poseyendo y, aunque su mente le gritaba que parara, le gustaba. Le gustaba demasiado. Los ojos de Gabriel, oscuros y fijos en los suyos, la estaban desarmando por completo, arrastrándola hacia un deseo animal y ciego. Estaban a nada de perder el control ahí mismo, sobre la mesa de madera del lugar, podían hacer lo que desearan en ese momento, pero el orgullo de Fabiola reaccionó justo a tiempo. No iba a ser una conquista fácil para el misterioso chico que la volvía loca en línea. Con un esfuerzo supremo, se apartó de golpe, acomodándose el saco mientras intentaba recuperar el aire y la compostura.

Gabriel la miró fijamente, con una sonrisa de medio lado, mientras metía las manos en los bolsillos de su chaqueta. En su mirada no había burla, sino una fascinación absoluta. Nadie lo frenaba así en el mundo real. Nadie. Por eso ella llamaba su atención; desconocía quién era él y Gabriel moría por saber qué haría cuando lo descubriera.

—Está bien, Nix. Juguemos bajo tus reglas por hoy —dijo Gabriel, rompiendo la tensión con suavidad mientras se sentaba en el sillón.

Fabiola respiró hondo, alisando las arrugas invisibles de su pantalón antes de sentarse frente a él. La taza de café que el mesero había dejado antes servía como una frontera física que ambos necesitaban desesperadamente.

—No pareces el tipo de chico que sigue las reglas de nadie, Ares —comentó Fabiola, cruzando una pierna con elegancia—. Tienes una seguridad que no se aprende en los videojuegos. ¿A qué te dedicas cuando no estás cubriendo mi espalda en el servidor?

Gabriel sostuvo la taza entre sus manos limpias y sin marcas. La pregunta le dio directo en el centro de su realidad oculta. Miró los ojos analíticos de Fabiola, dándose cuenta de que ella no se le engaña con facilidad; no iba a ser fácil mentirle.

—Manejo logística. El negocio de mi familia tiene que ver con las importaciones y el control de movimientos en los sectores de carga —respondió él, usando términos corporativos para camuflar la verdad—. Es un ambiente pesado, lleno de tipos viejos con códigos anticuados que esperan que sea tan firme y excelente como ellos. Por eso aprecio tanto la noche. Contigo no soy el heredero de nada, solo soy el tipo que intenta impresionarte.

Fabiola sonrió, sintiendo que esa pequeña confesión lo hacía ver terriblemente humano, desarmando la vibra imponente que desprendía.

—Bueno, el mundo corporativo tampoco es un cuento de hadas. En CER Software tengo que blindar sistemas contra gente que vendería a su madre por algunos datos. Supongo que ambos lidiamos con tiburones.

—La diferencia es que tus tiburones usan traje, Nix. Los míos... son más directos —replicó Gabriel con una pizca de ironía oscura que Fabiola no terminó de entender.

Justo cuando Gabriel iba a inclinarse de nuevo hacia adelante para recuperar el terreno perdido, el celular de Fabiola sonó desde el interior de su saco. No era una llamada común. Era la alerta de código rojo del sistema de defensa de su empresa.

Fabiola frunció el ceño, sacando el teléfono. La pantalla reflejó un parpadeo rojo con un mensaje directo de la central: Brecha masiva en progreso. Servidores del Sector Norte - Muelles Comerciales comprometidos.

El color desapareció del rostro de Fabiola en un segundo, ahora estaba pensando estrategicamente su siguiente movimiento.

—Tengo que irme —dijo, poniéndose de pie de inmediato mientras sus dedos ya saboteaban la pantalla para mandar comandos de bloqueo—. Hackearon uno de nuestros perímetros principales en la zona portuaria. Es una emergencia.

Gabriel se congeló en el asiento. Sus ojos se abrieron un milímetro de más al escuchar las palabras "Sector Norte" y "Muelles". Sabía perfectamente que esa misma tarde, el brazo informático de su padre tenía planeado un "barrido de datos" para limpiar los registros de un cargamento ilegal que entraba a la medianoche.

El juego digital se había apagado. La realidad acababa de alcanzarlos.

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