Capítulo 6 Capítulo 6: Los gemelos que lo conmovieron.
En aquel momento, Victoria miraba las luces de la ciudad de Palermo, era de noche y el silencio incomodo reinaba dentro del lujoso auto de quien desde ese momento era su nuevo jefe.
Lorenzo Visconti.
Aquel nombre le sonaba familiar a Victoria de alguna parte, aunque no recordaba exactamente en donde era que lo había escuchado, y mirándolo de perfil, admitió para sí misma que era un hombre apuesto, su cabello era negro como la noche, y sus ojos de un color azul zafiro realmente hermoso, su piel ligeramente morena y sus labios gruesos, le daban un aire que lo hacían lucir increíblemente atractivo; él era el tipo de hombre que a ella siempre le había gustado. Sin embargo, su aura le resultaba enigmática; todo el olía a peligro…no podía ser tan solo el importante dueño de un bar de lujo. Se había convencido de ello.
—Y dime, Bianchi, ¿De dónde vienes? Te vi en esa calle con varias de tus maletas, ¿Viajaste de algún lado hacia Palermo? — cuestionó Lorenzo rompiendo el silencio, y mirando de soslayo a la hermosa mujer que iba en el asiento del copiloto.
Victoria se mordió el labio; por lo que había visto en aquel camerino Lorenzo Visconti era un hombre realmente peligroso, y aun cuando estaría trabajando para el un tiempo, no podría jamás tenerle confianza…algo en él le seguía gritando peligro.
—Vengo de Santa Flavia, me separé de mi ex esposo, y decidí comenzar una nueva vida en este lugar. — Victoria mintió.
Lorenzo asintió, su apellido era italiano, resultaba obvio que tenía que ser de Palermo o las ciudades cercanas.
—Comprendo… — respondió Lorenzo, aunque notaba el nerviosismo de la mujer que se había vuelto a vestir con las ropas aburridas con las que la había visto la primera vez. — Creo que se te ve mejor ese tipo de ropa, deberías usarlas en el escenario, solo que tal vez mas formales. — terminó de decir.
Victoria frunció el entrecejo ante aquel comentario.
—Apenas nos conocemos señor Visconti, no creo que sea apropiado que le diga a una mujer como debe vestirse. — respondió Victoria con seriedad.
Lorenzo sonrió. Aquella mujer no era del tipo que se reservaba sus comentarios, justo como él era. Le gustaba su honestidad, admitió.
—Bien, pero si alguien vuelve a acosarte, Bianchi, y tengo que volver a defenderte, entonces tu deuda conmigo tan solo ira aumentando. — respondió Lorenzo astutamente, aun sabiendo que parte de su plan en contra de su hermano se había puesto en riesgo por expulsar a Lefevre de su territorio debido a la mujer a su lado.
Victoria rechistó.
—Le aseguro que soy capaz de defenderme yo sola. — respondió la rubia. — Además, usted es el dueño de un bar, no imaginé que defendería a una simple empleada. — terminó de decir.
Lorenzo se quedó serio antes de responder, y Victoria pudo notar en su casi inexpresivo rostro un deje de tristeza.
Mirando a la carretera, Lorenzo sintió que aquellos parajes le resultaban conocidos, sin embargo, los dejó atrás.
—No soporto ver que un hombre intente aprovecharse de una mujer, realmente me causa repugnancia que algunos se aprovechen de su posición de poder para someter a mujeres inocentes a su voluntad. — respondió Lorenzo tajante, casi con rabia.
Victoria guardó silencio imaginando que aquel hombre imponente tal vez tendría sus motivos detrás de ello.
—Yo…le agradezco el haberme ayudado señor Visconti, pero no tiene que preocuparse por mí, tendré más cuidado. — respondió Victoria.
Lorenzo sonrió.
—Pareces ser una mujer valiente, llegaste sola con dos niños pequeños a una ciudad como esta, cuna de la mafia…y ahora me aseguras que puedes defenderte tu sola y no necesitas de mi protección… — dijo Lorenzo deteniéndose en un páramo solitario que hallaba camino a casa de Rebecca.
Mirando intensamente a Victoria, Lorenzo sonrió malicioso, y luego se acercó a la hermosa mujer de cabellos rubios. Victoria, intentó retroceder, pero chocó con la puerta que se hallaba cerrada.
—¿Qué es lo que intenta? — cuestionó Victoria.
Lorenzo tomó el hermoso rostro de la rubia entre sus dedos, y repaso sus labios con uno de ellos, logrando que Victoria se estremeciera.
—Estas sola, en el auto de un hombre al que acabas de conocer, y en medio de un páramo desolado…eres una presa hermosa, seria sencillo tomar lo que quiero de ti… — aseguró Lorenzo. Victoria, en ese momento, sintió miedo, pero se mantuvo firme. — Pero yo no soy un hombre que lastima a las mujeres, jamás tomaría a una sin su consentimiento. — dijo alejándose de la rubia.
Las mejillas de Victoria ardieron, y mirando furiosa a Lorenzo Visconti, sus ojos se llenaron de lágrimas que se negó a derramar.
—¿Por qué ha hecho esto? — cuestionó Victoria.
Lorenzo retomó la marcha de su vehículo de lujo.
—Porque, Bianchi, debes de aprender a ser valiente cuando debes de serlo, y aceptar la ayuda cuando te la ofrecen…no todos los hombres que hay allá afuera, son gentiles con las mujeres que se encuentran en su camino…por eso intento defenderlas lo mejor que pueda. — respondió con seriedad el apuesto hombre de cabellos negros.
Victoria se quedó con los labios entre abiertos ante la sorpresa, y luego, guardó silencio.
Llegando a la lujosa casa de Rebecca, Victoria descendió del vehículo después de que Lorenzo le abriera la puerta. Se había quedado sin palabras.
—¡Wow!, ¡Es un Maserati MC20 de verdad! — gritó Liam que salió para recibir a su madre junto a su hermano a pesar de las protestas de la niñera.
—¡Es cierto es uno de verdad!, ¡Como en las películas!, ¡Y es el señor amable! — gritó William igualmente emocionado.
Lorenzo sonrió, aquellos niños conocían de autos.
—Así es pequeños, es el último modelo y fue hecho con asientos exclusivos para mí, ¿Otro día les gustaría dar una vuelta? — cuestionó Lorenzo dejándose llevar por el entusiasmo de los pequeños sin entender la razón del porque…quizás, la nostalgia de no tener a su propio hijo, meditó.
—¡Si!, ¿Podemos mamita?, ¿Podemos ir a pasear otro día con el señor super héroe? — preguntaron al unísono y sumamente entusiasmados los pequeños gemelos.
—¿Señor super héroe?, me gusta, — admitió Lorenzo.
Victoria se enrojeció, y a punto de decir que no a los gemelos, notó sus brillantes sonrisas. A sus pequeños hijos siempre les habían gustado mucho los automóviles, en especial aquellos que eran considerados de super lujo, en ocasiones pasaban horas en las avenidas de los Ángeles tan solo para que ellos pudieran verlos.
—No lo sé…tal vez. — respondió dudando, y luego, dando una mirada severa a sus gemelos, los vio estremecerse. — Ustedes par de pillos deberían de estar durmiendo, regresen a la habitación y vayan a dormir. — les ordenó.
Los pequeños, decepcionados, se quejaron, y Lorenzo, acercándose a ellos por instinto, les acaricio las mejillas.
—No se preocupen, yo convenceré a su mamita de que les deje dar una vuelta en mi auto. — prometió Lorenzo.
De alguna manera, Victoria sonrió en lugar de alarmarse.
—Vayamos a dormir, le agradezco mucho por traerme señor Visconti, buenas noches. — se despidió la hermosa rubia, y Lorenzo los vio entrar a la casa de su administradora en donde se estarían quedando.
Sonriendo, el mafioso subió de nuevo a su auto, y arrancando, inicio una llamada.
—Necesito que intensifiquen la búsqueda de la mujer que recibió mi material genético…necesito encontrar a mi hijo. — ordenó Lorenzo, sintiéndose conmovido por aquel par de hermosos gemelos, y también, por su madre.
Aquella mujer de ojos grises, así como sus pequeños hijos, habían logrado impactarlo.
