Capítulo 10 Planes

La puerta del departamento se abrió y Aisha apareció con el cabello revuelto y una sonrisa cálida.

—Hola… —dijo Violet, intentando sonar normal.

—Hola, cariño. ¿Cómo te fue?

—Bien… anoche fue una buena noche.

Aisha la dejó entrar y la condujo hasta el comedor antes de desaparecer hacia la habitación.

—¿Y el hermano de Edward? —preguntó desde el pasillo.

Violet dudó un segundo.

—Quiere que le entregue a mi hijo.

El silencio que siguió fue pesado.

Aisha regresó con el canasto entre las manos. Violet se levantó enseguida para recibir a Takashi. Apenas lo tomó, el bebé comenzó a moverse inquieto reconociendo el aroma familiar. Lo llenó de besos, riendo suavemente pese al nudo que aún sentía en el pecho.

El pequeño empezó a llorar y ella lo acomodó contra su cuerpo. De inmediato comenzó a alimentarse, aferrándose con la confianza absoluta que solo tienen los bebés, de que en brazos de su madre están seguros.

Violet cerró los ojos un instante. Jamás podría separarse de él. Nadie se lo iba a arrebatar

—¿Pero quién se cree ese tipo? —protestó Aisha—. ¿Para qué querría al niño?

—Dice que puede darle oportunidades que yo no… que tendrá un mejor futuro con él.

—Qué arrogante.

—Lo es. Y yo intentando ser amable… Debí sospechar desde que descubrí que me estaba observando.

—¿Observándote?

—Fue al club. Me vio bailar.

Aisha frunció el ceño.

—Eso ya suena sospechoso. Por no decir que depravado.

—No sé qué pensar —admitió Violet—. Pero siento que podría intentar algo.

La idea la aterraba. No soportaba imaginar regresar un día a casa y encontrarla vacía.

—¿Le tienes miedo? —preguntó Aisha con suavidad.

Violet dudó, mordiendose los labios por la ansiedad.

—No exactamente… pero Edward nunca hablaba bien de su familia. Decía que su padre era manipulador y que nadie confiaba realmente en nadie allí.

—Entonces sí tienen dinero.

—Estoy segura. Intentó comprarme.

Aisha soltó un silbido bajo.

Violet cambió al bebé de lado y permaneció en silencio unos segundos, observando su pequeño rostro relajarse mientras comía.

Entonces habló:

—Aisha… ¿puedes quedarte con Takashi un poco más?

—Claro. ¿Qué planeas hacer?

—Irme por un tiempo. Buscar otro trabajo… otro lugar donde vivir.

Aisha la miró con sorpresa.

—¿Huir?

—Temo que intente quitarmelo. Así que no es huir en realidad es protegerlo —corrigió Violet en voz baja—. No pienso esperar a que alguien decida qué es mejor para mi hijo sin preguntarme.

Tomó la mano de su amiga sobre la mesa.

—Me gustaría que vinieras conmigo.

Aisha sonrió con tristeza.

—Gracias… pero aún no estoy lista para dejar todo esto. Mi madre...

Violet asintió. Lo entendía.

—Entonces prométeme que vendrás a visitarnos cuando todo se calme.

—Siempre.

El bebé soltó un pequeño suspiro satisfecho y Violet apoyó la mejilla contra su cabeza, inhalando su aroma.

Cuando Raymond se despertó, notificó a sus empleados de Estados Unidos sobre su estancia y convocó una junta extraordinaria para verificar el estado de la fábrica automotriz de la que su familia era dueña. Y cuando terminó de responder los correos electrónicos que tenía pendientes, no pudo evitar la necesidad de mirar la hora en su reloj cada media hora hasta que dieron las once de la noche.

Estaba pensando en ir al club donde bailaba Violet; no podía dejar de pensar en que, si le ocurría algo a la mujer, podría perder a su sobrino. Peor aún, si le ocurría algo a la mujer le habría fallado a Edward. Además de que no sabía nada de ella salvo que se llamaba Violet y que era una bailarina exótica a la que su hermano quiso reformar. No sabía nada personal, ni siquiera sus apellidos. Así que fue esa razón, más que nada, por la que terminó de convencerse de que tenía que ir a su trabajo e investigar más sobre ella y tal vez después contratar a un investigador.

Tomó un cambio de ropa casual, tomó una ducha rápida y, tras arreglarse, bajó a la recepción del hotel.

Solicitó al gerente la información para rentar un auto y esperó alrededor de veinte minutos a que llegara con él. Firmó y entregó la copia de sus credenciales, así como el anticipo de la renta del vehículo en el lobby del hotel.

Después tomó el auto y, con ayuda del GPS, llegó al antro. Al ser fin de semana, había más clientes de lo normal.

Esperó paciente a la entrada de la mujer. Cuando la vio llegar con un vestido similar al de la noche anterior, sacó su móvil y comenzó a tomarle fotografías. Violet saludó al hombre de la entrada, dándole el acceso inmediato.

Raymond salió del auto y se acercó a la entrada del club, en donde el guardia lo miró achicando los ojos… tal vez intentaba reconocer en sus facciones a su hermano. Si era verdad que él había ido a buscarla todos los días… tras no encontrar alguna razón para negarle el pase, se hizo a un lado. Raymond entró al club; una chica se acercó a él de inmediato.

—Hola, otra vez.

Raymond se dio cuenta de que era la chica que se había sentado con él y despotricado en contra de Violet. Él simplemente asintió mirándola a los ojos. Ella no parecía tan drogada ahora.

—¿Me dejas llevarte a una mesa?

—Por favor.

Ella tomó su mano y lo condujo hasta una mesa desde donde tenía una amplia vista del escenario. Se sentó junto a él e hizo una seña para que el mesero se acercara.

—¿Qué pido por ti? —preguntó con una sonrisa coqueta mientras se acercaba melosamente y pasaba una mano sobre su pecho.

—Una botella de vodka —Raymond le dijo directamente al mesero. Cuando este se marchó, él tomó la muñeca de la mujer que había osado tocarlo e hizo a un lado su mano. Ella le regaló un puchero decepcionado.

Ella miró al escenario; sabía que el hombre no iba a ese lugar buscando una aventura, pero que aun así pagaría por su tiempo. El mesero llegó con la botella y dos vasos. El chico sirvió ambas bebidas antes de retirarse disimuladamente.

—Si no vienes por diversión, ¿a qué has venido? —preguntó finalmente.

—¿Qué sabes sobre Violet?

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