
Hilo rojo... Cásate conmigo
Franc A H · En curso · 61.7k Palabras
Introducción
Consumido por los celos y el orgullo, Raymond permite que el rencor lo domine y se niega a reconciliarse antes de que Edward abandone el país.
Ocho años después, cargado de culpa, Raymond decide buscarlo, solo para recibir una noticia devastadora: su hermano ha muerto, dejando atrás a su esposa viuda, Violet, y a un hijo que crecerá sin padre. Movido por el remordimiento y el deseo de reparar sus errores, Raymond jura proteger a la familia que Edward dejó atrás.
Pero la situación es más compleja de lo que imaginaba. Como heredero de una poderosa fortuna familiar, Raymond enfrenta una amarga realidad: su matrimonio con Amy está roto desde que la pérdida de un hijo la dejó incapaz de concebir. Decidido a proteger a su sobrino de la manipulación de su ambicioso abuelo, Raymond idea un arriesgado plan: reconocer al niño como suyo y presentar a Violet como su amante para provocar el divorcio y ofrecerles una nueva identidad bajo su protección.
Sin embargo, Violet rechaza su propuesta, obligándolo a enfrentar algo que jamás había considerado: sus sentimientos. Cuando entre ambos comienza a surgir un vínculo real, Raymond deberá demostrar que no actúa solo por culpa, sino por amor.
Todo se complicará aún más cuando Violet descubra que Raymond es, en realidad, el misterioso hombre del que se enamoró años atrás, mucho antes de conocer a su difunto esposo.
Capítulo 1
Observo desde el balcón de mi suite el juego de luces neón de los bares y casinos que dan vida a Las Vegas por la noche. A pocos minutos de un nuevo año y lejos de casa, me siento solo y melancólico; más que de costumbre.
Pienso en mi hermano menor y en mi padre, que están al otro lado del mundo esperando mi regreso con la noticia del éxito de la fusión entre nuestra compañía y la empresa estadounidense.
Los conozco tan bien que casi puedo escucharlos discutir como si estuvieran al otro lado de la habitación. Aunque muchos creen que mi padre no ama a su hijo menor por las constantes exigencias y discusiones que mantiene con él, sé que lo adora. Edward es la viva imagen de mi madrastra, la mujer que me acogió en su corazón cuando se casó con mi padre. Yo apenas tenía unos meses de nacido. Para mí, ella fue mi verdadera madre.
Mi madre biológica me abandonó —o, siendo más exactos, me vendió—. Sí, esa es la palabra correcta. Después de darme a luz, se divorció de mi padre a cambio de dos millones de dólares y su libertad. Su única función había sido darle un heredero.
Yo, el heredero de uno de los empresarios más poderosos de Inglaterra, no signifiqué nada para ella. Sin embargo, sí lo fui todo para Marina, la segunda esposa de mi padre, quien me amó y cuidó como si fuera suyo. Lamentablemente, murió al dar a luz a Edward.
Por eso juré que jamás me casaría por conveniencia, sino por amor. Haber visto ambas caras de la moneda me impide repetir la historia desde la perspectiva de mi padre. Quiero amar a mi esposa y que ella me ame; quiero que mis hijos jamás sientan el vacío de tener una madre que valore más el dinero y la libertad que a ellos.
Dos suaves golpes resonaron en la puerta de mi suite.
—Adelante —dije sin apartar la vista de la ciudad.
Escuché el sonido de unos tacones avanzando sobre el mármol. La tristeza que me acompañaba por el aniversario de la muerte de Marina comenzó a disiparse, reemplazada por el deseo que había despertado en mí aquella mujer horas antes, cuando la vi bailar en el club nocturno donde mis socios y yo celebrábamos la fusión empresarial.
Sentí su mano posarse en mi espalda alta y deslizarse lentamente por mi columna. El calor de su palma atravesó la tela de mi camisa con una eficacia peligrosa. No necesitaba juegos previos; el deseo que recorría mis venas exigía ser liberado de inmediato.
Me giré y descubrí que llevaba el mismo antifaz que había usado en el club. No me molestó no conocer su rostro. Había sido su cuerpo —sus curvas sutiles y perfectamente proporcionadas— lo que había capturado mi atención y encendido en mí una fiebre difícil de controlar.
No necesitaba verle la cara. No era su identidad lo que deseaba, sino la sensación que provocaba en mí. Sus largas piernas y su figura delicada habían sido suficientes para despertar una obsesión casi primitiva.
Llevaba una gabardina negra que abrí sin perder tiempo, revelando su piel desnuda bajo la prenda. Solo unas medias oscuras cubrían sus piernas hasta medio muslo, acompañadas por unos zapatos rojos que realzaban su postura y le daban un aire peligrosamente seductor. El resto de su cuerpo estaba completamente descubierto.
Dejé caer la prenda al suelo.
No la besé. Nunca me había gustado besar, y menos a una mujer a la que apenas conocía. Tampoco solía pagar por compañía, pero en ocasiones como esa resultaba más sencillo que involucrarse emocionalmente con alguien que después pudiera complicar mi vida. No tenía intención de comprometerme con una mujer que aceptara acostarse conmigo en la primera cita.
La levanté, y por reflejo ella rodeó mi cintura con las piernas. Apoyé su espalda contra el frío cristal del ventanal mientras inclinaba el rostro hacia su cuello. Mordí suavemente su piel, provocando un gemido contenido.
Sus brazos rodearon mis hombros y sus dedos se hundieron en mi cabello, masajeando mi cuero cabelludo. Una descarga eléctrica recorrió mi nuca y descendió por mi columna hasta la punta de mis pies, encendiéndome por completo.
Desabroché mi pantalón con una mano mientras la otra sostenía su cintura. La atraje más hacia mí y la penetré en un solo movimiento profundo.
Entonces comprendí el motivo del precio que había pagado.
Ella era virgen.
Su grito de dolor rompió el silencio de la habitación. A pesar de su evidente excitación, no esperaba aquella sensación desgarradora.
Me quedé inmóvil al escucharla maldecir. No dije nada. Supuse que creía que yo no entendía su idioma, y preferí mantener esa ventaja.
—¡Mierda! ¡Duele como el maldito infierno! —la oí exclamar.
Aun así, me gustaba lo suficiente como para no limitarme únicamente a satisfacerme. Nunca había sido cruel con mis amantes. Aunque hubiera pagado por su compañía, quería que aquella mujer —la única capaz de despertar en mí un deseo tan intenso esa noche— también encontrara placer.
Quería que jamás olvidara su primera experiencia.
Y, mientras me preguntaba si yo la recordaría en el futuro, me respondí con frialdad que no. Para mí no era más que una desconocida cuya vida probablemente seguiría un camino distante al mío. Una noche pasajera en medio del brillo artificial de Las Vegas, destinada a desaparecer cuando amaneciera el nuevo año.
Últimos capítulos
#57 Capítulo 57 Legal
Última actualización: 4/6/2026#56 Capítulo 56 Cabeza de familia
Última actualización: 4/6/2026#55 Capítulo 55 Recuerdo
Última actualización: 4/6/2026#54 Capítulo 54 Paraíso y fuego
Última actualización: 4/6/2026#53 Capítulo 53 Noche de bodas
Última actualización: 4/6/2026#52 Capítulo 52 Boda
Última actualización: 4/6/2026#51 Capítulo 51 Nuevo
Última actualización: 4/6/2026#50 Capítulo 50 Placer
Última actualización: 4/6/2026#49 Capítulo 49 Vestido de novia
Última actualización: 4/6/2026#48 Capítulo 48 Cariño
Última actualización: 4/6/2026
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