Capítulo 57 Que rumoreen

Pero Isabella no era de las que se quedaba callada y menos sabiendo que estaba perdiendo y por goleada. Con manos empuñadas y en su última ratio lanzó su última flecha con veneno.

—Vittorio, no puedes hablarme así en público... no a mí... y mucho menos por una simple escritora de novelas baratas...

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