Capítulo 3 Capítulo 3: Encuentro quebrado.

Brooke aún atrapada en el abrazo de su hermana. Se quedó inmóvil, consternada, sin saber si debía sentirse molesta o feliz.

El rencor hacia Lilly seguía ahí, intacto, como una cicatriz que nunca sanaba. Pero al mismo tiempo, una chispa de alegría había brotado en su interior al verla de nuevo. Ambas emociones chocaban con violencia dentro de ella, haciéndola incapaz de decidir cuál debía tomar el mando.

El momento se quebró con el sonido de la bocina de un auto fuera de la tienda. Lilly se separó con rapidez, sus ojos humedecidos brillaban bajo la luz artificial de la tienda, pero mantenía una sonrisa amplia, casi infantil.

—Quisiera poder quedarme contigo ahora mismo y seguir hablando —dijo con ternura limpiándose las lágrimas aún no derramadas—. Pero no tengo mucho tiempo. Están esperando por mí, y debo regresar.

Brooke no respondió. Solo la miró, confundida, mientras Lilly rebuscaba en su bolso. Finalmente sacó una tarjeta y la colocó en sus manos.

—Aquí está la dirección. Por favor, ven mañana. Te lo ruego. Te esperaré todo el día si es necesario.

Brooke sostuvo la tarjeta con indecisión. Lilly insistió, aunque no escuchó ninguna respuesta afirmativa.

—Estoy tan feliz de verte. Hay tanto que debemos hablar… —añadió con voz quebrándose.

Luego salió del lugar. Brooke dejó sus compras a un lado, y la siguió unos pasos, observando cómo Lilly se acercaba a un auto elegante y junto a este estaba esperándola un hombre, vestido con un traje costoso, no parecía notar su presencia, pues su atención estaba completamente sobre su hermana.

No sabía de qué hablaban por la distancia, pero ella si vio como este hombre, cual caballero le abría la puerta del vehículo a Lilly para entrar a este.

El auto se marchó y Brooke no pudo evitar sentir curiosidad ante esa escena.

«¿Sería ese su esposo? ¿Ese auto es suyo?» Pensar eso solo provocó que le molestara el estómago, por lo que ya no quiso comprar nada y prefirió regresar a su escondite.

De vuelta en el almacén, Brooke se recostó sobre la bolsa de dormir que Carol le había traído días atrás. La tarjeta que su hermana le dio descansaba en su mano.

La miraba una y otra vez, preguntándose si debía acudir al encuentro. Ver a su hermana después de tantos años no había sido lo que esperaba. No se sentía feliz, no como Lilly. Ella había vivido demasiado tiempo alimentando el rencor.

Pensó en parte del origen de tal sentimiento.

El orfanato. En cómo ella había crecido sola, mientras Lilly no tuvo que pasar por lo mismo… Lilly sí había sido adoptada, ella no. Lilly sí tuvo una familia, ella no. Recordó las noches frías, los silencios interminables, los sueños rotos, y todo lo que pasó después…

Ahora, al pensar en todo eso, arrugó la tarjeta en un puño. Sabía que era arriesgado, pero también sentía que debía enfrentar ese pasado.

Al día siguiente, después de que Carol le dejara comida, Brooke decidió ir al lugar indicado.


El edificio era un rascacielos imponente. El encuentro sería en un restaurante en los últimos pisos. Brooke tomó las escaleras en lugar del elevador, evitando cualquier cámara. Ajustó la capucha y los anteojos, y subió con pasos firmes, aunque sus pies dolieran al final.

Al llegar, un empleado la detuvo en la entrada.

—¿Tiene una cita? —preguntó el hombre de corbatín, mirándola de arriba abajo con descaro. Ella sabía que su vestir no combinaba con aquel lugar, pero eso no le daba derecho a juzgarla de esa manera.

Brooke contuvo la respuesta mordaz, y nada delicada, que habría dado en otras circunstancias. Debía ser cautelosa.

En ese momento apareció Lilly, al parecer ambas habían llegado al mismo tiempo. Su hermana habló con dulzura al trabajador, quien, con mejor semblante, las hizo pasar. Ambas tomaron asiento en una mesa reservada.

Brooke no se quitó la capucha pese a la sugerencia del camarero que anotó sus bebidas. Algunas personas volteaban a verla, curiosas por su aspecto desprolijo, pero al menos nadie parecía prestarle atención a su rostro.

—Temía que no vinieras —confesó Lilly, con una sonrisa nerviosa—. Ayer… no parecías muy feliz de verme, pero lo entiendo. Después de tanto tiempo… debió ser un shock.

Brooke no respondió, jugueteando con una servilleta bajo la mesa. Sentía la mirada de su hermana sobre ella analizándola. Su mente era un torbellino de pensamientos. Necesitaba un respiro.

—Voy al baño —exclamó levantándose de repente. Aunque su voz se alzó más de lo normal, Lilly no se sobresaltó, la miró comprensiva y asintió, dedicándole una sonrisa dulce.

En el baño Brooke se miró en el espejo empañado. Reflexionó sobre lo que debía hacer.

¿Decirle a Lilly todo lo que pensaba? ¿Confesarle el rencor acumulado? ¿Por qué Lilly actuaba con tanta calma? ¿Por qué tanta amabilidad? Eso solo dificultaba que ella le dijera lo que había planeado. La sonrisa de su hermana provocaba que su enojo flaqueara.

Brooke, con disgusto limpió el espejo con la mano, y se vio en el reflejo, recordando lo que había sido de su vida hasta ahora.

Sabía que no sería una reunión agradable, pero también sentía que debía liberarse de esos sentimientos. Ver a su hermana, quien obviamente había crecido rodeada de lujos, con una vida tranquila, era un contraste doloroso con su propia existencia.

Respiró hondo y salió.


Se dirigió de vuelta a la azotea. Allí encontró a Lilly, ya no estaba en la mesa, sino de pie junto a la baranda, mirando hacia la piscina que estaba unos pisos más abajo. Brooke se acercó con paso decidido, cuando de repente notó que su hermana se inclinaba demasiado hacia adelante.

—¡Lilly! —gritó.

En ese instante comprendió que estaba a punto de caer. Olvidando todo lo que tenía en la cabeza, corrió y alcanzó a sujetar su mano justo cuando el cuerpo de Lilly ya había pasado sobre la baranda.

El peso fue demasiado. Brooke intentó sostenerla, pero no logró aferrarse a tiempo. El impulso la arrastró también. Ambas terminaron cayendo al vacío.

Durante la caída, sus manos permanecieron unidas. Se aferró a la mano de Lilly con desesperación, como si eso pudiera salvarlas.

Pero un instante después, las manos se soltaron.

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