Capítulo 4 Capítulo 4: Identidad prestada.
El último recuerdo que Brooke tuvo antes de perder el conocimiento fue la sensación de vacío en el estómago por la caída, el tacto de su mano sujetando la de Lilly y, después de eso, nada más que oscuridad.
Ahora, al abrir los ojos, se encontró con el incómodo brillo de la luz fluorescente y el sonido abrumador de varias voces a su alrededor. A pesar de su poca conciencia actual, logró caer en la cuenta de que estaba en el hospital. Quiso incorporarse, pero su cuerpo se sentía pesado; apenas pudo mover uno de los brazos con dificultad.
De repente, la cortina del cubículo donde se hallaba se abrió y una enfermera entró en su pequeño espacio. Brooke intentó hablar, pero notó que algo se lo impedía. Por fortuna, la enfermera se percató de su intento por llamar la atención, mostrando una gran sorpresa al verla despierta.
Brooke se sentía frustrada. Tenía tantas dudas y no estaba segura de cuándo podría obtener respuestas.
La enfermera regresó, ahora acompañada de quien parecía ser, obviamente, un médico.
El médico le realizó pequeñas pruebas para evaluar su estado, incluyendo exámenes de reflejos, y aprovechó el momento para hacerle un par de preguntas.
Debido a su condición, Brooke solo podía contestar asintiendo o negando con la cabeza, lo cual fue suficiente para satisfacer al doctor. Entonces, él procedió a realizarle una última pregunta:
—¿Sabe el motivo por el cual terminó aquí?
Brooke asintió, recordando la caída, aunque no estaba segura de cómo había logrado sobrevivir tras precipitarse desde tantos pisos.
—Gracias a la piscina del hotel donde cayó, el impacto no fue tan fatal como pudo haber sido —explicó el médico—. Igualmente, la hemos revisado y, aparte de un par de golpes y la fractura de su brazo derecho, parece que todo está en orden. Ahora que parece estar estable, le quitaremos el tubo para que pueda respirar por sí misma, pero intente no hablar durante las siguientes horas para que no se lastime la garganta.
Ahora Brooke entendía qué era lo que le impedía hablar. El médico la ayudó y extrajo el tubo; fue algo molesto, pero se sintió aliviada.
—Ahora descanse un poco, volveré a verla. Dentro de poco debería llegar su contacto de emergencia; ya nos pusimos en contacto con él.
Brooke se puso en alerta inmediatamente. ¿A quién habían llamado? Ella no tenía ningún contacto de emergencia. Si alguien se enteraba de que estaba allí, estaría en peligro.
—Espere ¿a quién…? — se le hizo casi imposible formar una oración.
—Señora, por favor, quédese quieta y no hable —interrumpió la enfermera, evitando que Brooke pudiera levantarse.
«¿Acaso me acaban de llamar a Lilly?», pensó Brooke con extrañeza. Debieron haberla confundido con su hermana ¿acaso Lilly aún seguía inconsciente?
—¿Y la otra chica? —logró articular Brooke, haciendo caso omiso de la sugerencia de la enfermera.
Al comprender a quién se refería, la enfermera y el médico intercambiaron una mirada que no la tranquilizó en absoluto; ambos parecían tristes. El médico se sentó en la silla junto a la cama y procedió a explicarle lo sucedido:
—Lamentablemente, la chica que cayó contigo no tuvo la misma suerte que tú. Ella no logró caer en la piscina; el impacto fue contundente y falleció en el acto.
Brooke no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Acaso Lilly estaba muerta? No podía creerlo, no tenía ningún sentido. Brooke tomó la manga del médico y este, al entender su intención, se acercó. En un susurro, ella pidió que la dejaran verla.
Unos minutos después, Brooke estaba frente a ella en una silla de ruedas, viendo el cuerpo inerte y sin vida de quien alguna vez fue su hermana.
La enfermera la había acompañado. Brooke le hizo gestos preguntándole por qué tenía el rostro cubierto, a lo que la enfermera le explicó que su rostro había quedado desfigurado con el impacto y que le recomendaba mantenerlo así, pues sería algo muy impactante de ver.
Ahora todo tenía un poco más de sentido para Brooke: al no poder identificar a su hermana, debieron haber creído que ella era Lilly. Eso quería decir que, sea quien sea al que llamaron para venir a verla, debía estar en camino pensando que se encontraría con Lilly.
Tenía que actuar rápido antes de que llegara el conocido de su hermana. Ya era bastante complicada su propia situación como para tener que hacerla aún más difícil al tener que explicarle a esa persona que Lili ya no estaba con vida y que la habían confundido con ella.
Además, era mejor para ella que todos en el hospital pensaran que quien había muerto era una desconocida y que quien seguía viva era Lili; de esa manera, nadie la identificaría y podría mantener un perfil bajo, y si era posible, volver a su escondite en el club.
Brooke revisó el bolso de Lilly, que le habían sido entregado por el personal médico unos minutos antes, intentando encontrar algo que la pudiera ayudar en esta situación, consiguiendo un teléfono celular.
Se maldijo a sí misma al no poder recordar el número de teléfono de Carol, quien podría haber venido a buscarla y ayudarla a salir. La única otra opción que se le ocurrió fue llamar a un taxi, llegar hasta la entrada y desaparecer antes de que alguien la viera.
Marcó a una línea de taxis y le contestaron, pero antes de que pudiera solicitar el servicio o decir cualquier otra cosa, la cortina se volvió a abrir, dejando ver a un hombre alto, de cabello castaño y con una mirada oscura que parecía llena de pánico, lo cual dejó a Brooke paralizada, sin saber qué decir o hacer. Al segundo siguiente, el hombre estaba frente a ella y se desplomó junto a la camilla, tomándole la mano.
—¡Lilly! No sabes el susto por el que me hiciste pasar. No tienes idea de cómo sentí que el mundo se me venía abajo cuando el hospital llamó a casa. No vuelvas a alejarte de mí.
Entonces, ella lo reconoció: era el mismo hombre que había buscado a Lilly en la tienda el otro día. Tal parecía que su deducción no había sido errónea; él es, o mejor dicho, era la pareja de Lilly.
Mil cosas pasaron por su cabeza pensando en cómo podría salir de esta situación, entonces hizo algo de lo que estaba segura que después se arrepentiría. Ella dijo, con un hilo de voz temblorosa:
—Te prometo que no me volveré a alejar de tu lado.
Al terminar de decir aquello, Brooke supo que acababa de firmar su propia sentencia.
