Capítulo 5 Capítulo 5: Los hermanos Collins.

Brooke no creía ni en el cielo ni en el infierno. Estaba segura de que, al morir, no había nada más; pero, en el caso de que llegase a existir algo parecido, estaba convencida de que el hecho de fingir ser su hermana muerta no le traería ningún premio celestial.

—¡Lilly! ¡Lilly! —preguntó una voz que la trajo otra vez al presente.

Olvidó por un instante que ahora ella tenía que responder por el nombre de su hermana, pero reaccionó a tiempo para contestar.

Ella parpadeó, mirando directamente a los ojos de aquel hombre. Debía buscar la manera de averiguar cómo se llamaba antes de que él sospechara algo. Al verla vacilar, él le preguntó si se sentía bien, pues la notaba algo perdida.

Ella simplemente sonrió lo mejor que pudo. ¿Qué esperaba él que le dijera? ¿Acaso nadie le había dicho que era mejor que ella no hablara? ¿Y por qué tenía que estar tan pegado a ella? ¿Acaso a su hermana le gustaban los hombres así de pegajosos?

—Deberías darle algo de espacio, ¿no notas lo abrumada que se ve? —interrumpió una voz gruesa e inquietantemente familiar.

Revelándose frente a ella, apareció un segundo hombre de ojos rasgados, cabello largo negro como la noche y una mirada ámbar.

¿Quién se suponía que era él? ¿Otro novio? ¿Su hermana era una mujer libertina? No, eso no tenía sentido. Lilly siempre fue la más tranquila de las dos; jamás se enredaría con dos hombres a la vez.

—¿Qué haces aquí, hermano? —preguntó el castaño al recién llegado.

Eso tenía más sentido que lo que ella se imaginaba: aquello convertía al recién llegado en el cuñado de Lili.

—Un colega me informó que te vio por aquí, y tenía que venir a ver en qué problema estabas metido ahora —respondió él, viéndola de reojo antes de soltar un suspiro cansado— aunque me alegra haberme equivocado, esta situación tampoco es buena.

Ahora que se fijaba bien, el hombre de cabello más oscuro vestía una bata blanca; parecía ser médico. Los dos hermanos se disculparon con ella un momento y se alejaron unos pasos para discutir la situación en la que se encontraba.

En ese instante regresó la enfermera que la había estado atendiendo hasta el momento.

—Qué bueno, tienes visitas. Oh, ¿qué hace el señor Collins aquí abajo en el área de emergencias? —preguntó la enfermera en voz alta para sí misma, haciendo referencia a uno de los hermanos que conversaban a pocos pasos. Luego, se giró hacia Brooke y le preguntó— ¿Acaso eres un miembro de su familia?

¿Cómo debería responder a aquella pregunta? ¿Acaso no se daba cuenta de lo difícil que se le hacía hablar?

Pero parecía que la enfermera se percató de su impedimento y le mencionó que, por las horas que habían pasado desde que le quitaron el tubo para respirar, ya debería poder hablar con más soltura; además, el spray que le habían administrado debería ayudarla a sobrellevar el malestar de garganta.

Al escuchar eso, Brooke se lamentó al no tener más excusas para evitar responder. Aclarándose un poco la garganta, hizo una prueba, hablando un poco más alto y, para su lamento, se dio cuenta de que ya no le molestaba hablar.

—Suenas mucho mejor. Ahora, dime, ¿eres parte de los Collins? —insistió la enfermera, quien parecía no querer renunciar a la oportunidad de charlar.

Así que, esperando no equivocarse, Brooke contestó:

—Sí, formo parte de la familia— respondió con un obvio tono de duda en su voz que esperaba no fuera tan evidente.

Al parecer, esa respuesta fue suficiente para calmar a la enfermera, quien parecía ahora más emocionada, prometiéndole que hablarían un poco más tarde. Sin embargo, la enfermera fue la única a quien le pareció correcta la respuesta.

—¿De qué estás hablando, Lilly? Tú no eres nada de nuestra familia —dijo con mucha severidad el hombre de cabello negro de la familia Collins, quien la veía molesto tras haber regresado al cubículo junto a su hermano.

—¿Yo no soy nada de la familia? —dijo ella, sin esperar haberlo soltado en voz alta, pero estaba contra la pared y debía decir algo para calmar a aquel hombre.

—Hermano, quédate tranquilo, ¿no ves que la estás asustando al hablarle así? —intervino el hombre de cabellos castaños, tratando de aligerar la tensión en el ambiente—. Seguramente ella quiso decir que se siente como si fuera parte de la familia por estar tanto tiempo con nosotros. No te lo tomes tan personal, ¿no es así, Lilly?

—Sí, tienes razón, es como acabas de decir —contestó ella, tropezándose con sus propias palabras y temiendo equivocarse al decir algo incorrecto.

Pero, al parecer, la confusión era tan evidente en su mirada que no pasó desapercibida para el médico. Ante esto, él se tranquilizó un poco y le preguntó:

—Creo que ya sé lo que está pasando aquí, Lilly. Respóndeme esta simple pregunta: ¿cómo me llamo?

—¿El señor Collins? —respondió ella.

Su respuesta sorprendió a todos los presentes. Aun así, el hermano de cabello castaño trató de ayudarla, a pesar de que la respuesta que ella acababa de dar era muy pobre.

—Vamos, Damon, ¿por qué le haces una pregunta tan estúpida a Lilly? ¿No ves que está, como dijiste hace rato, muy abrumada por el accidente? ¿Cómo no iba a saber ella tu nombre?

—Ahora lo sabe porque tú acabas de decirlo —reprendió Damon, el hombre de cabello oscuro, a su hermano. Luego añadió: — Solo quiero confirmar algo. Y esta vez no me vuelvas a interrumpir.

Se acercó hasta Brooke para quedar cara a cara frente a ella y le dijo:

—Dime con total sinceridad: tú no sabes quiénes somos nosotros, ¿cierto?

Brooke sabía que no le quedaba de otra que contestar. Sabía que no iba a poder mantener esta farsa por mucho tiempo; solo le hubiera gustado haberlo hecho por más de un par de horas.

—No. No sé quiénes son. Ninguno de ustedes dos —respondió con completa honestidad, sabiendo que seguramente esas serían sus últimas horas de libertad antes de que la policía o alguien más viniera por ella.

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