Capítulo 32

Yo estaba al mando ahora. Lo ayudé a llegar hasta un rincón, lo acomodé y le vendé el tobillo con tiras arrancadas de una manta. Me observó todo el tiempo, y su aliento formaba nubes en el aire.

Pasaron horas. El viento aullaba. Ahora hacía un frío terrible. Me senté cerca de él para que pudiéramos...

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