Capítulo 55

Dos semanas después del funeral.

Sala de descanso en el trabajo. Luces fluorescentes. El olor a café quemado. María, de contabilidad, se estaba quejando otra vez.

—Te juro que, si mi casero sube el alquiler una vez más, me voy a mudar a un clóset —se rio, revolviendo su café—. ¿Sabes de algún luga...

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