
La Bailarina del Millonario
Ana Noemi Cruz Moya · Completado · 140.3k Palabras
Introducción
De nada sirvieron sus estudios en su país natal. De nada sirvieron las palabras que le dijera aquel hombre, que fingía amarla, para luego irse sin mirar atrás. No hubo mejoras, entre lo que era su vida en otro país y lo que es ahora. Ni un avistamiento del dichoso “sueño americano”. Mucho menos, del “juntos para siempre”.
Ahora, mientras baila aferrada al tubo que se ha vuelto su sostén, lo hace con ira y con desprecio. Odiándose a sí misma cada noche, cuando debe entregarse a los ojos de todos esos hombres que desean tocarla. Aunque ninguno puede. Cuando cierra sus ojos y se imagina lejos; cuando llora lágrimas de rabia que todos malinterpretan.
Amaia es la mejor en lo que hace, porque esa es su naturaleza. Todos piensan que lo disfruta; pero nadie conoce, en realidad, su verdadera historia sufrida.
¿Será que alguien podrá ver más allá de su máscara de perfección, alguna vez?
¿Podrá Amaia entregar esa confianza que ha sido arrebatada tantas veces?
A veces, solo debemos encontrar el motivo, para decidirnos a crecer. ¿Ella lo hará?
Capítulo 1
—Amaia, Richard quiere verte —murmura Jessie, asomando su cabeza por la puerta de mi camerino.
Sentada en mi cómoda silla, frente al espejo, resoplo y ruedo los ojos. Cada noche es lo mismo, a estas alturas debería saber que no me interesa lo que tiene que ofrecer.
—¿Te dijo qué quería?
—Sabes que no. —Alza sus hombros.
Suspiro. Tanto Jessie como yo sabemos lo que él pretende, lo que quiere de mí. Es una constante molestia que tengo que soportar, aunque esté cansada de dejarle en claro que no estoy interesada.
—No demores, Amaia, sabes cómo se pone. —La miro a través del espejo y ella solo sonríe, levanta las manos a modo de rendición—. Bueno, no demores tanto.
Le doy una media sonrisa antes de que se vaya y sigo observando mi reflejo en el espejo.
Odio lo que veo; aún llevo puesta mi ropa del show, si es que se le puede llamar ropa a los escasos pedazos de tela que me cubren algunas partes. Mi piel brilla demasiado. Mi cabello se siente duro por tanto producto para mantenerlo aplacado. Mi maquillaje agresivo, consecuente con las luces y sombras que me cubren el rostro mientras estoy en la pista. Y mis ojos. El verde apagado que me devuelve la mirada, me da ganas de llorar.
Pero Amaia Leyva no llora; ya no. No al menos, por las cosas que no valen la pena.
Con una servilleta húmeda comienzo a quitar mi maquillaje. A medida que lo hago, puedo ver la verdadera expresión de mi rostro que oculto cada noche. Piel pálida, a pesar de ser morena; bolsas oscuras debajo de mis ojos, que me hacen lucir como si estuviera enferma. Nada de lo que sentirme orgullosa.
Suspiro una última vez y me levanto de la silla, para cambiarme de ropa y salir de aquí de una vez. Camino hasta la puerta del camerino y la cierro, para poder hacerlo con tranquilidad; no quiero sufrir percances como los del principio. Con cansancio y nada de ánimos, me desvisto por completo; me pongo mis habituales jeans rotos y mi camiseta lisa. Calzo mis pies con mis sencillos tenis y me hago una coleta alta. Recojo mis cosas, revisando que nada se me quede y las guardo en mi bolso, antes de colocar la ropa que me quité en su lugar de siempre.
Antes de salir, miro cómo dejé todo y apago la luz; luego cierro la puerta. Es una rutina que siempre hago, esta última, porque hay días que he llegado y es evidente que alguien estuvo rebuscando por quién sabe qué. Es mejor saber a lo que atenerse.
Avanzo por el pasillo, donde cada puerta pertenece a un camerino de una chica diferente, o varias chicas, en la mayoría de los casos. Solo Jessie y yo tenemos lo que se podría decir, camerino VIP, un lugar solo para nosotras. El habitual guardia está apostado en la puerta que comunica a la zona interior del club y me saluda cuando paso por su lado.
—Amaia, Richard te espera —dice, con su voz grave y su mirada ausente. Porque sí, es de esos que usa gafas de sol pese a que es de noche y está dentro de un edificio.
—Ya voy, Johnny. No necesito niñera —respondo, rodando los ojos; lo que nunca llego a saber si en verdad le molesta, porque ni se inmuta.
Entro al salón principal, que ya está cerrado para el público. Cada noche, luego de la última actuación, que es la mía, se cierra el local. A estas horas, ya todo está limpio y recogido; las mesas organizadas y las sillas en su lugar. Las luces están encendidas y dejan ver la hermosa decoración que luce mucho más cuando todo está en penumbras. Camino entre las pistas de baile que están ubicadas a detalle y con panorámica de todo el salón; para que puedan vernos desde cualquier distancia del mismo. Los tubos color plata, relucen bajo las luces intensas y son un recordatorio de lo que mi vida es aquí. No una simple camarera, ni siquiera una del servicio.
No. Soy la atracción principal.
Y todo por salir adelante, por sobrevivir.
Cada vez que miro a mi alrededor, cada vez que recuerdo la situación tétrica que me trajo hasta aquí, mi cuerpo hierve y quiero gritar. Pero luego pienso en el motivo principal de que aún, cuatro años después, yo siga donde mismo. Mi hija. Audrey merece cada cosa que yo pueda darle; solo la tengo a ella en la vida y daré hasta lo que no tengo, por su felicidad. Así sea a costa de la mía.
Paso el bar y Mateo, el bartender de turno, me ofrece una bebida. No suelo beber, como las otras chicas; prefiero estar enfocada en lo que sucede a mi alrededor y no dar paso a desorientaciones. Tampoco culpo a las que sí lo hacen para llenarse de fuerzas y ser menos conscientes de lo que hacen para ganarse la vida. Es un motivo válido, si me preguntan a mí. Sin embargo, hoy le acepto la invitación, porque Mateo me cae bien y necesito un plus de energía para volverme a encontrar con la maldita cara del maldito Richard.
—Hoy te la acepto, porque me hace falta —respondo con una sonrisa, a la vez que me siento en una de las altas banquetas de la barra.
Mateo asiente y me guiña un ojo, devuelve mi sonrisa y se pone a trabajar. No me dice lo que está preparando, pero yo no dejo de mirar sus manos mientras lo prepara. Díganme desconfiada o lo que sea, pero en este mundo, aunque sea un mundo lujoso y elegante, hay más mierda que en cualquier otro lugar. Aquí el dinero lo compra todo, incluso, a las que no quieren dejarse comprar.
Observo todo el proceso y cuando Mateo por fin pone la bebida color rosa oscuro delante de mí, suspiro con alivio. Ahora sí puedo disfrutar mi Manhattan.
—Espero que te guste —murmura y con una toalla que lleva en sus manos, seca algunos vasos de cristal y de boca ancha, sin apenas mirarlos.
Pruebo el delicioso cóctel y no puedo hacer otra cosa que no sea gemir de puro gusto.
—Delicioso —declaro, con un susurro y con los ojos cerrados para disfrutarlo un poco más.
—Disfrútalo, hermosa —farfulla y sigue a lo suyo.
Por segundos, vuelve a cruzar su mirada con la mía; sonríe y me guiña un ojo. Yo no hago más que dirigirle una sonrisa condescendiente y medio plástica, porque sé lo que quiere, pero a él tampoco se lo daré. Mateo es de esos hombres que te entran con solo verlo a los ojos; tan oscuros como la noche y tan expresivos. Con un cuerpo de infarto debajo de esa fina camisa negra que lleva por uniforme y los pantalones de igual color caídos tan abajo que provoca bajar la mirada, una puede imaginar cuántas buenas cosas podían suceder si nos abandonamos al pecado; pero no debo.
Tengo una imagen que mantener en este lugar.
Siempre inalcanzable. Porque eso es lo que ahora soy.
Termino mi bebida y le agradezco el gesto, antes de levantarme de la silla y dirigirme a la oficina de Richard. Con paso lento, subo las escaleras y llego al segundo piso, donde otros dos gorilas forman parte de la seguridad del local. No entiendo las razones de que el gordo de Richard necesite seguridad, cuando este lugar se mueve con lo legal y tiene el privilegio de pertenecer al reducido círculo de lugares considerados VIP, para los adinerados de la ciudad y los alrededores. Aquí se paga lujo, se paga calidad, se paga seguridad. Pero ni modo, mi jefe es tan presuntuoso, que necesita darse sus momentos de importancia.
—Buenas noches, señores —saludo y los dos grandulones, solo asienten con sus calvas cabezas—. ¿Puedo pasar?
Ambos se quitan del medio de la puerta a la vez, lo que me hace gracia, al ver la coordinación en los gestos de ambos.
«De seguro se enorgullecen de eso», pienso y quiero reír, pero se vería extraño.
Por el momento, dejo las risas para cuando me acuerde y llamo a la puerta, para informar a Richard que ya estoy aquí.
—Pasa, Amaia. —Una voz fofa me responde.
Tomo una respiración profunda antes de abrir la puerta y entrar.
—Me dijo Jessie que querías verme —digo, sin siquiera saludar y apenas a dos pasos de la puerta que dejé abierta.
La oficina huele a rancio, a tabaco y a whisky. Lo que antes debió ser un lugar majestuoso, terminó siendo el antro de perdición de este gordo pervertido que tengo por jefe. Aunque tengo entendido que él no es el mandamás de todo esto, en realidad.
—Sí, también le dije que te apurara —declara, con el mismo tono de siempre, prepotente y mandón, que suelo ignorar—. Cierra la puerta y entra de una vez.
Lo miro, sentado detrás de un inmenso escritorio, tan bajito que los brazos le quedan cortos ante lo ostentoso del mueble de madera preciosa oscura. Su cara de papa y su cabeza calva. Un traje de sastre, que ni hecho a medida logra mejorar su apariencia. Un reloj inmenso, que cubre por su completo su muñeca y al contrario de lo que él pretende, lo hace lucir más pequeño de lo que es.
—No me puedo demorar, ya es demasiado tarde y mi hija me espera —aseguro, sin duda en la voz, sin titubear.
—Lo sé, pero es culpa tuya por perder tu tiempo en estupideces —bufa y sé que se refiere al trago de antes.
Debería preocuparme que me esté vigilando, pero ya eso no es sorpresa. Precisamente porque conozco sus enfermas formas de acercamiento, es que tengo tanta precaución en este lugar, no confío en nadie.
—Me duele la cabeza, Richard, dime qué se te ofrece. —Impongo mi carácter porque es así como debo presentarme ante él. Ni una pizca de confianza debo darle; aquí todo se malinterpreta.
—Voy al grano, como cada noche, Amaia. —Se acomoda en su silla y lleva un tabaco a su boca—. Sabes que yo puedo ayudarte a mejorar tu modo de vida, solo necesitas aceptar la propuesta.
Resoplo y con una mano froto mi rostro, cansada de recibir cada noche la misma oferta enfermiza y depravada.
—Ya te dije que no, Richard, no insistas —declaro, con voz fuerte.
—Piénsalo, Amaia. Ganarás mucho más de lo que haces en la pista cada noche. El doble, hasta el triple. —Continúa, insistente. Mueve la silla hacia atrás y yo me pongo en tensión, porque pretende acercarse—. Son muchos los clientes que tienes a la espera.
Me indigna escuchar sus palabras, pero hace mucho comprendí que a él le gusta jugar con mis emociones. Enojo, ira; imagina que mi mundo se mueve en torno a eso. Y aunque tiene toda la razón, hace un tiempo aprendí a canalizar esa energía negativa en los momentos claves. Así que, lo que ahora el pretenda lograr en mí, no tiene las de ganar.
—Pues, diles a esos clientes, que no pierdan el tiempo esperando. Mi decisión ya la conoces —murmuro, con la mayor tranquilidad que puedo exteriorizar. Finjo que me miro las uñas y en mi rostro, una expresión de indiferencia total—. ¿Ya terminaste, o hay algo más que quieras informarme?
Richard se queda viéndome, mastica el asqueroso tabaco y me observa, midiéndome. Yo mantengo mi actitud despreocupada, aunque no me gusta nada la forma en que me mira. Cuando se cansa de tratar de intimidarme, va hasta su escritorio y recoge un sobre, que luego me alcanza. Lo tomo teniendo cuidado de no tocarlo a él y, sin siquiera abrir el sobre o dar las gracias, doy media vuelta, dispuesta a salir.
—Amaia… —llama y yo giro un poco la cabeza, para poder verlo—. Algún día, voy a lograr lo que quiero. Hazte a la idea.
Sus palabras me provocan escalofríos, pero los disimulo. Sin embargo, lo miro de arriba a abajo, con desdén y como quien mira a alguien que no tiene importancia. Vuelvo a su rostro y alzo una ceja inquisidora.
—Supéralo, Richard —declaro y salgo de la oficina, sin mirar atrás.
Antes de alejarme lo suficiente, logro escuchar su reacción.
—Te vas a arrepentir.
Debo ser sincera conmigo misma y aceptar que me preocupa, pero no puedo aparentar ser oveja entre tantos lobos. En este mundo es muy fácil caer en desgracia y, aunque lo odie, cada día salgo a bailar con la desesperanza; porque es lo único que, hasta ahora, me saca de los apuros.
Últimos capítulos
#73 Capítulo 73 Epílogo
Última actualización: 11/26/2025#72 Capítulo 72 72
Última actualización: 11/26/2025#71 Capítulo 71 71
Última actualización: 11/28/2025#70 Capítulo 70 70
Última actualización: 11/26/2025#69 Capítulo 69 69
Última actualización: 11/26/2025#68 Capítulo 68 68
Última actualización: 11/26/2025#67 Capítulo 67 ¡Adam!
Última actualización: 11/26/2025#66 Capítulo 66 Sobre los planes
Última actualización: 11/26/2025#65 Capítulo 65 ¡Audrey!
Última actualización: 11/26/2025#64 Capítulo 64 ¿Hasta cuándo tendré que aguantar?
Última actualización: 11/26/2025
Te podría gustar 😍
De Mejor Amigo a Prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Invisible para su Matón
Fuera de Límites, Mejor Amigo del Hermano
—Vas a tomar cada pulgada de mí. —Susurró mientras empujaba hacia arriba.
—Joder, te sientes tan jodidamente bien. ¿Es esto lo que querías, mi polla dentro de ti? —Preguntó, sabiendo que lo había estado tentando desde el principio.
—S..sí —jadeé.
Brianna Fletcher había estado huyendo de hombres peligrosos toda su vida, pero cuando tuvo la oportunidad de quedarse con su hermano mayor después de graduarse, allí conoció al más peligroso de todos. El mejor amigo de su hermano, un Don de la mafia. Él irradiaba peligro, pero ella no podía mantenerse alejada.
Él sabe que la hermanita de su mejor amigo está fuera de límites y, sin embargo, no podía dejar de pensar en ella.
¿Podrán romper todas las reglas y encontrar consuelo en los brazos del otro?
Mi Luna Marcada
—Sí.
Exhala, levanta su mano y la baja para abofetear mi trasero desnudo de nuevo... más fuerte que antes. Gimo por el impacto. Duele, pero es tan excitante y sexy.
—¿Lo harás de nuevo?
—No.
—¿No, qué?
—No, Señor.
—Buena chica —acerca sus labios para besar mi trasero mientras lo acaricia suavemente—.
—Ahora, voy a follarte —me sienta en su regazo en una posición de monta. Nos miramos a los ojos. Sus largos dedos encuentran el camino hacia mi entrada e insertan sus dedos.
—Estás empapada por mí, nena —dice complacido. Mueve sus dedos dentro y fuera, haciéndome gemir de placer.
—Hmm —pero de repente, se van. Lloro mientras deja mi cuerpo ansiando por él. Cambia nuestra posición en un segundo, así que estoy debajo de él. Mi respiración es superficial y mis sentidos incoherentes mientras anticipo su dureza en mí. La sensación es fantástica.
—Por favor —suplico. Lo quiero. Lo necesito tanto.
—Entonces, ¿cómo te gustaría venirte, nena? —susurra.
¡Oh, diosa!
La vida de Apphia es dura, desde ser maltratada por los miembros de su manada hasta que su compañero la rechaza brutalmente. Está sola. Golpeada en una noche difícil, conoce a su segunda oportunidad de compañero, el poderoso y peligroso Alfa Lycan, y vaya que le espera la aventura de su vida. Sin embargo, todo se complica cuando descubre que no es una loba común. Atormentada por la amenaza a su vida, Apphia no tiene otra opción que enfrentar sus miedos. ¿Podrá Apphia derrotar la iniquidad que amenaza su vida y finalmente ser feliz con su compañero? Sigue para más.
Advertencia: Contenido maduro.
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Placeres culposos
¿Todo ha sido un error? ¿O quizás solo parte del destino? La ida por un vaso de agua, resultó en el inicio de un deseo culposo con consecuencias irreversibles.
Soy Erika Martín de 21 años, soy una latina, proveniente de Venezuela, me mudé de mi país buscando el sueño Americano ante una oportunidad de empleo como servicio doméstico en la mansión uzcategui, sin saber que mi destino cambiaría por completo, al conocer a Alejandro Uzcategui, el heredero y magnate de negocios más prestigioso dela ciudad, con una ciudad tan grande y él puso sus ojos en mi, su humilde y tímida empleada, que no sabe decirle que no, todo con él era perfecto, pero él tiene dos grandes defectos, es casado y jodidamente posesivo, me llama bomboncito y me reclama como suya. Estoy locamente enamorada de él y temo por la repercusiones de lo que vendrá, ya que se que no me dejará escapar, menos cuando sepa mi gran secreto.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
El regreso de la princesa de la mafia
El Alfa Motociclista que se Convirtió en Mi Segunda Oportunidad de Pareja
—Eres como una hermana para mí.
Esas fueron las palabras que colmaron el vaso.
No después de lo que acababa de pasar. No después de la noche ardiente, sin aliento, que sacudió nuestras almas mientras nos enredábamos en los brazos del otro.
Sabía desde el principio que Tristan Hayes era una línea que no debía cruzar.
No era cualquier persona, era el mejor amigo de mi hermano. El hombre que pasé años deseando en secreto.
Pero esa noche... estábamos rotos. Acabábamos de enterrar a nuestros padres. Y el dolor era demasiado pesado, demasiado real... así que le rogué que me tocara.
Que me hiciera olvidar. Que llenara el silencio que la muerte dejó atrás.
Y lo hizo. Me sostuvo como si fuera algo frágil.
Me besó como si fuera lo único que necesitaba para respirar.
Luego me dejó sangrando con seis palabras que ardieron más profundo que cualquier rechazo.
Así que, huí. Lejos de todo lo que me causaba dolor.
Ahora, cinco años después, estoy de vuelta.
Recién rechacé al compañero que me abusó. Todavía llevando las cicatrices de un cachorro que nunca pude sostener.
Y el hombre que me espera en el aeropuerto no es mi hermano.
Es Tristan.
Y no es el chico que dejé atrás.
Es un motociclista.
Un Alfa.
Y cuando me miró, supe que no había ningún otro lugar al que pudiera huir.
Accardi
—Te costará algo —susurró antes de tirar de su lóbulo con los dientes.
Sus rodillas temblaron y, si no fuera por su agarre en su cadera, habría caído. Él empujó su rodilla entre sus muslos como un soporte secundario en caso de que decidiera necesitar sus manos en otro lugar.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
Sus labios rozaron su cuello y ella gimió mientras el placer que sus labios provocaban se hundía entre sus piernas.
—Tu nombre —exhaló él—. Tu verdadero nombre.
—¿Por qué es importante? —preguntó ella, revelando por primera vez que su corazonada era correcta.
Él se rió contra su clavícula.
—Para saber qué nombre gritar cuando vuelva a entrar en ti.
Genevieve pierde una apuesta que no puede pagar. Como compromiso, acepta convencer a cualquier hombre que su oponente elija para que se vaya a casa con ella esa noche. Lo que no se da cuenta cuando el amigo de su hermana señala al hombre taciturno sentado solo en el bar, es que ese hombre no se conformará con solo una noche con ella. No, Matteo Accardi, Don de una de las pandillas más grandes de la ciudad de Nueva York, no hace encuentros de una sola noche. No con ella, de todos modos.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
De Substituta a Reina
Con el corazón roto, Sable descubrió a Darrell teniendo sexo con su ex en su cama, mientras transfería en secreto cientos de miles para mantener a esa mujer.
Lo peor fue escuchar a Darrell reírse con sus amigos: —Es útil—obediente, no causa problemas, se encarga de las tareas del hogar, y puedo follarla cuando necesito alivio. Básicamente es una sirvienta con beneficios. Hizo gestos groseros de empuje, provocando las carcajadas de sus amigos.
Desesperada, Sable se fue, reclamó su verdadera identidad y se casó con su vecino de la infancia—el Rey Lycan Caelan, nueve años mayor que ella y su compañero predestinado. Ahora Darrell intenta desesperadamente recuperarla. ¿Cómo se desarrollará su venganza?
De sustituta a reina—¡su venganza acaba de comenzar!












