Capítulo 50

Luchando por respirar de manera uniforme, me quedo muy, muy quieta. Me lamo los labios, mi boca está demasiado, demasiado seca, y luego hablo.

—Porque el Ángel de la Muerte extendió sus alas en el viento, y respiró en el rostro del enemigo al pasar;

Y los ojos de los durmientes se volvieron mortal...

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