Cuando se trataba de mujeres, Leon sabía lo que hacía.

Habían pasado tres horas desde ese breve beso, pero Carissa seguía inquieta y no podía dejar de pensar en ello. Estaba de pie junto a la ventana de su cuarto, tocándose los labios que acababan de perder su inocencia. Era increíble. Carissa no sabía si eso había sido suerte o un error de su parte.

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