No seas tonta

Observo a los dos con una sonrisa antes de que David se vuelva hacia mí.

—¿Ya cenaste?

—No. —Le sonrío—. Te estaba esperando.

David me sorprende al decir:

—Qué romántico.

Luego me guiña un ojo y avanza.

—Deja que primero le dé de comer a esta pequeña traviesa. Después haré que mi chef privado ...

Inicia sesión y continúa leyendo