Te odio.

Me limito a mirarlo con la boca abierta, ya sintiéndome fatal.

—¿Cómo pudiste…? Quiero decir… ¿Por qué me serviste ese vino sabiendo lo que cuesta? No debería desperdiciarse en alguien como yo, que ni siquiera puede distinguir un vino barato de uno caro.

—Quiero que tengas cosas buenas —dice David...

Inicia sesión y continúa leyendo