De rodillas...

Arabella

Su olor volvió a atraparme, envolviéndome como un lazo del que no tenía ninguna intención de escapar. Mi respiración se volvió áspera y, cuando su aliento tibio me rozó la oreja, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Lo que dijo me dejó temblando, y yo sabía perfectamente que no podía ...

Inicia sesión y continúa leyendo