No juego sucio

Arabella

Esa noche me encerré en mi habitación y escuché cada palabra asquerosa que papá le lanzó a mamá sobre mí. Lágrimas ardientes se me deslizaron de los ojos hasta la almohada, manchando la tela rosa pálido bajo mi mejilla.

No podía comer. No tenía ganas. El estómago me gruñía, un recordatori...

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