La sangre se sentía viva

El hambre había empezado a sentirse menos como dolor y más como algo que, poco a poco, iba vaciando a Pearly por dentro.

Tenía los labios resecos.

El cuerpo débil.

La cabeza insoportablemente pesada.

Ya no sabía si el mareo venía de la inanición, la sed o el veneno que Lia le había inyectado.

Tal...

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