Una amabilidad cruel

La boca de Pearly estaba seca, y le dolía la cabeza cada vez que intentaba moverse.

Ya no podía distinguir si la debilidad venía del hambre, de la sed o de lo que fuera que Lia le había metido en el cuerpo.

Donovan había dicho que el veneno duraría dos días.

No tenía ninguna razón para creerle.

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