CAPÍTULO 162: AMENAZA A MARCUS

Sienna

Nunca me había dado cuenta de que un corazón puede latir tan fuerte sin romperse. O quizá sí se rompe, pero en silencio, igual que yo.

Estoy sentada en la camilla, con la bata arrugada entre los dedos, el eco del monitor aún en mis oídos y el sabor metálico del miedo pegado a la lengua. Afuer...

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