
La esposa del general
Kandy Orta · En curso · 32.8k Palabras
Introducción
Hasta que un día Tobías vuelve, la invita a cenar y, sin rodeos, le propone matrimonio.
No por amor. Sino porque necesita una esposa y una familia para conseguir el ascenso que quiere. Y Alma, la vecina que siempre lo ha querido, es la opción más fácil.
Ella debería negarse. En cambio, acepta.
Y de pronto se encuentra con un anillo en el dedo, un beso que le borra el pensamiento y la certeza de que acaba de entrar en la locura más hermosa y peligrosa de su vida.
Capítulo 1
Apenas escuché el ruido del portón, me asomé por la ventana.
Y ahí estaba Tobías Sturm, de pie en el jardín de al lado, con el uniforme todavía puesto. El color oscuro le marcaba los hombros anchos, la cintura estrecha y esa forma de mantenerse erguido que solo tienen los que llevan años dando órdenes. El sol de la tarde le daba de lado y resaltaba la mandíbula afilada, el cabello castaño oscuro peinado con precisión militar y esa expresión seria que nunca se le borraba del todo.
Malote y sexy. Exactamente igual que en todos mis recuerdos.
Me quedé congelada detrás de la cortina, con el corazón golpeándome las costillas como si tuviera quince años otra vez.
Desde que era niña había tenido un crush ridículo por él. Primero fue la admiración silenciosa de la vecina pequeña que veía al chico mayor subir al coche con sus padres. Después, cuando él entró a la academia militar y empezó a volver solo en vacaciones o en permisos cortos, se convirtió en algo más peligroso, yo me escondía detrás de las persianas, lo miraba desde mi ventana y memorizaba cada detalle. Cómo se quitaba la chaqueta del uniforme. Cómo saludaba a su madre con un beso seco en la mejilla. Cómo caminaba con esa seguridad que a mí me hacía sentir pequeña y estúpida.
Pensé que se me pasaría con la edad. Que cuando yo creciera y él se convirtiera en un hombre de verdad, el sentimiento se iría diluyendo. Pero no se fue.
Cada vez que el volvía, sus padres organizaban una de esas cenas enormes e invitaban a los vecinos más queridos. Entre ellos, siempre estábamos mis padres y yo.
Yo, que fingía indiferencia mientras me moría por dentro cada vez que él se sentaba frente a mí.
Ahora, a mis veinticuatro años, seguía haciendo exactamente lo mismo, espiándolo desde la ventana como una acosadora de mierda.
Otra vez había vuelto. Y otra vez iba a tener que sentarme a la mesa con él y fingir que el corazón no me latía como loco solo por su presencia.
Un par de horas después, el timbre de mi casa sonó de repente, tan fuerte que di un pequeño salto.
Bajé las escaleras todavía con el pulso acelerado y abrí la puerta. En el umbral estaba la señora Sturm, la vecina del otro lado de la calle, con su delantal de flores y esa sonrisa de quien trae noticias importantes.
—Alma, cielo —dijo, asomándose un poco hacia adentro—. ¿Están tus padres?
Negué con la cabeza.
—Salieron hace un rato. Fueron al súper y después pensaban pasar por casa de mi tía. ¿Pasa algo?
Ella hizo un gesto con la mano, como restándole importancia, pero sus ojos brillaban de emoción.
—Nada grave. Solo que estamos organizando una cena esta noche. Por el regreso de Tobías. Ya sabes… acaba de llegar de la misión. De la guerra, vaya. Ustedes están invitados, claro. Como siempre.
Sentí que el estómago se me contraía.
—¿Esta noche?
—Sí. A las ocho. Dile a tus padres que no falten. Y tú también, jovencita. Hace mucho que no te veo.
Me forcé a sonreír.
—Claro. Se lo diré en cuanto lleguen. Y en cuanto a mí, he estado ocupada buscando trabajo. Esto de graduarse es muy complicado.
La señora Addison asintió, satisfecha, y se fue calle abajo.
Cerré la puerta y me apoyé contra ella un segundo, con los ojos cerrados, imaginándome esa cena. Me toqué el pecho, como si pudiera calmar el latido absurdo.
Tenía veinticuatro años ya, y seguía siendo la misma niña escondida detrás de la cortina.
Solo que ahora sabía exactamente lo que sentía… y lo ridículo que era.
Esa noche me había arreglado de más. El vestido negro me quedaba demasiado bien, el maquillaje era más cuidado de lo habitual y hasta me había planchado el pelo. Por un segundo pensé que aún me faltaba algo. Que si hubiera tenido más tiempo habría corrido a comprarme un vestido nuevo, unos zapatos distintos, cualquier cosa que me hiciera sentir menos… yo. Pero las llegadas de Tobías siempre me tomaban por sorpresa. Nunca avisaba con días de antelación. Simplemente aparecía, y el mundo se desordenaba.
Bajé las escaleras. Mis padres ya estaban listos.
Cruzamos la calle en silencio. La puerta principal estaba entreabierta. Antes de que pudiéramos llamar, la madre de Tobías apareció con los brazos abiertos y esa sonrisa enorme que siempre sacaba cuando su hijo volvía.
—¡Por fin! Pasen, pasen.
Entramos. La casa olía a comida casera y a madera. Había más gente de la que esperaba.
Tobías estaba de pie junto a la chimenea, estaba guapísimo de civil. Cuando levantó la vista y nos vio, su mirada se detuvo en mí un segundo más de lo necesario.
Por primera vez en todos estos años, me sonrió.
No fue una sonrisa grande. Fue pequeña, casi de lado, pero real. Y me dirigió la palabra.
—Alma —dijo, con esa voz baja y controlada—. Cuánto tiempo.
Me quedé sin aire un instante.
—Hola, Tobías —logré contestar, y odié lo suave que me salió la voz.
Él asintió una sola vez y se giró para saludar a mis padres, pero yo seguí sintiendo el peso de esa mirada. Durante toda la cena, cada vez que levantaba los ojos, lo encontraba observándome, como si estuviera registrando algo. Y yo, idiota de mí, no podía dejar de sonreír. Sonreía cuando me pasaban el pan. Sonreía cuando mi madre contaba una anécdota vieja. Sonreía incluso cuando no había nada que sonreír. Cada vez que nuestros ojos se cruzaban, algo caliente se me instalaba en el pecho y me costaba tragar.
La noche se me pasó demasiado rápido. Las conversaciones se mezclaban, el vino hacía que todo se sintiera un poco más ligero, y yo solo era consciente de dos cosas, de lo cerca que estaba Tobías y de lo mucho que me estaba mirando.
Cuando la cena terminó y la gente empezó a levantarse, mis padres se entretuvieron hablando con la madre de Tobías cerca de la puerta. Yo me quedé un segundo atrás, recogiendo mi bolso del respaldo de la silla. Y de pronto, el salón se quedó casi vacío.
Tobías se acercó y se detuvo a menos de un metro de mí. Olía a jabón limpio y a algo más profundo, algo que no sabía nombrar.
—Mañana —dijo de pronto, en voz baja—. ¿Tienes planes?
Parpadeé.
—¿Mañana?
—Sí. Pensaba salir a comer. Si quieres… puedes venir.
Me miró directamente a los ojos. No había burla, ni había esa distancia fría que yo siempre había imaginado en él. Solo una pregunta sencilla y una espera silenciosa.
El corazón me dio un vuelco tan fuerte que estuve segura de que él lo había oído.
—Está bien —susurré—. Sí.
Él asintió una vez, casi imperceptible, y dio un paso atrás justo cuando mis padres se acercaron para despedirse.
Salimos de la casa. Cruzamos la calle otra vez. Yo caminaba un poco detrás, con las manos temblando dentro de los bolsillos y una sonrisa idiota que no lograba borrar. Esto tenía que ser un jodido sueño.
Últimos capítulos
#26 Capítulo 26 Capítulo 26: ¿Cómo dormiste?
Última actualización: 10/24/2026#25 Capítulo 25 Capítulo 25: Maldita seas, Tobías
Última actualización: 10/23/2026#24 Capítulo 24 Capítulo 24: Prepárate, Alma
Última actualización: 10/22/2026#23 Capítulo 23 Capítulo 23: El silencio que dejó atrás
Última actualización: 10/22/2026#22 Capítulo 22 Capítulo 22: De la fase 1 a la 10 en una calentura
Última actualización: 10/22/2026#21 Capítulo 21 Capítulo 21: Caliente como el infierno
Última actualización: 10/22/2026#20 Capítulo 20 Capítulo 20: Momento de aprovechar
Última actualización: 10/22/2026#19 Capítulo 19 Capítulo 19: Don vergonzoso
Última actualización: 10/22/2026#18 Capítulo 18 Capítulo 18: La coartada perfecta
Última actualización: 10/22/2026#17 Capítulo 17 Capítulo 17: ¿Estas segura, Alma?
Última actualización: 10/22/2026
Te podría gustar 😍
Después de la Aventura de mi Esposo, me Volví a Casar con un Multimillonario
Seduciendo a mi Luna con Miel
Y no cualquier tipo de venganza.
Para ello necesitaba dejar atrás quién y qué era para forjar un nuevo lobo, uno más letal. Alguien que sería temido y cuyo nombre pasaría a la historia de la raza como el único que libró a las manadas del continente americano del maldito traidor: Alfa Bastian Crow.
Él le quitó su vida y sus sueños. Él le quitaría hasta su jodida alma y luego iría al mismísimo infierno para asegurarse de que ahí Bastian Crow continuara con un castigo eterno.
Reinelle solo sabía una cosa: Sobreviviría y regresaría a casa junto a su hija sin importar qué era lo que tuviera que hacer… o en qué se tuviera que convertir.
Soportaría torturas, derramaría sangre y no tendría piedad de sus enemigos.
Si el precio de sus libertades era matar unos cuantos lobos… bueno, ella no estaba en desacuerdo.
Ella lo ve como una bestia deformada por el odio.
Él la ve como una hembra que no se quebrará, incluso en cadenas.
Ese primer contacto no es romántico todavía, sino un choque de fuerzas salvajes. Lo que nace entre ellos es tensión, rabia y atracción envenenada.
El CEO Sobre Mi Escritorio
—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
Mírame
Antonella, por su parte, es maestra de escuela primaria. Lleva seis años casada con Bruno, un hombre violento y humillante que la somete física y psicológicamente. No la ama; para él, Antonella es poco más que una empleada. Aunque ella no está enamorada, soporta el matrimonio por miedo y por el deseo de que las cosas mejoren algún día.
El destino los cruza en un bar karaoke. Diego llega allí empujado por su mejor amigo, buscando un respiro a su rutina. Antonella asiste gracias a su mejor amiga, directora del colegio, aprovechando la ausencia temporal de su esposo. Comparten mesa sin conocerse, hasta que una emergencia obliga a sus amigos a marcharse juntos, dejándolos solos. Entre canciones, copas y una conexión inesperada, se besan y terminan pasando la noche en un motel. Ninguno revela estar casado; ambos creen que ha sido un encuentro fugaz.
El reencuentro llega durante una reunión de padres, cuando descubren que Diego es el padre de uno de los alumnos de Antonella. Deciden mantener una relación estrictamente profesional, pero el deseo y los sentimientos los superan, arrastrándolos a una relación clandestina que desafía sus vidas y sus límites.
Prohibido enamorarse
Mi Alfa prohibido
En un mundo donde las uniones entre hombres lobo y magos están estrictamente prohibidas y severamente condenadas, Alana, una joven bruja huérfana sin magia, se ve envuelta en una situación no deseada. Su tía egoísta la presiona para que se case con un mago al que no ama y cuyas intenciones son cuestionables. El destino de Alana da un vuelco cuando se adentra en un peligroso bosque y, en un momento de peligro, es salvada por un lobo misterioso y extraordinariamente atractivo llamado Sedrik. Es el alfa de su manada y no espera cruzarse en el camino de Alana de forma tan abrupta.
El compañero de segunda oportunidad de Luna
Abrí la boca cuando la conmoción y el dolor me llenaron el cuerpo. Mi marido se estaba acostando con mi hermanastra en nuestra noche de bodas. Lágrimas calientes brotaron de mis ojos mientras los sonidos húmedos y los gemidos se hacían cada vez más fuertes.
Larissa, la estimada Luna de la manada Tokenmoon, lo tenía todo. Un marido cariñoso y una manada fuerte. Pero todo era mentira. Stefan, su marido alfa, era el diablo. La maltrataba y abusaba constantemente mientras la engañaba con su hermanastra. Para empeorar las cosas, la rechazó y la despidió. Con el corazón roto, Larissa estaba perdida hasta que se topó con su pareja de segunda oportunidad.. Kaden.
Kaden, guapo como el pecado y el alfa de la manada de Griffen-Howl, es un hombre roto. Cuando su esposa huye con otro hombre, mientras lo abandona a él y a su hijo, promete no creer nunca en el amor. Pero cuando una mujer sin hogar, Larissa, entra en su territorio, parece que podría estar rompiendo esos votos. Ella es su compañera de segunda oportunidad, pero ¿podrá volver a creer en el amor?
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
EL DESTINO POR EL QUE ARRIESGUE TODO
Él no solo conoce las cláusulas ocultas que sus hermanas pasaron por alto, sino también cada una de las fantasías que Florencia intenta reprimir. Atrapada en un peligroso juego de chantaje visual y seducción, Florencia descubrirá que la línea entre la inspiración y la obsesión es tan fina como la piel. Entre pinceladas furtivas, noches de entrega absoluta y un pacto donde el placer es la única moneda de cambio, deberá decidir si entregarse a la tentación destruirá su arte o liberará finalmente su verdadera naturaleza.
La máscara del multimillonario (Un romance oscuro y ardiente)
Venganza Para Mamá: Los Pequeños Revoltosos Del Mafioso
Para los gemelos Elisa y Eliseo Dorantes, ver a Natalia matarse trabajando mientras el fantasma del desalojo la ahoga en llanto es insoportable. Al ejecutar la «Misión Mami Lágrimas Cero» para conseguir dinero, quedan atrapados en el fuego cruzado del crimen organizado. Ahí cara a cara con la muerte, se topan con el líder de la red: Collins Graterol.
Al reconocer a Collins como el hombre de la foto secreta que su madre guarda con dolor, la misión cambia radicalmente. Ya no quieren dinero; buscan venganza. Sedientos de cobrar cada noche de sufrimiento de Natalia, los pequeños genios declaran una guerra despiadada contra el imperio del capo.
A través de travesuras cómicas e inofensivas en apariencia, desestabilizan la organización de Collins. Cada vez que son acorralados, responden con excusas tan inocentes y lógicas que desarman a la mente más calculadora del inframundo.
Collins, un capo intocable, ve su mundo tambalearse sin sospechar que esos dos pequeños demonios son su propia sangre. Entre ataques de cárteles rivales y el implosivo reencuentro con Natalia —el único amor que jamás pudo olvidar, ahora cargado de resentimiento, deseo y secretos—, enfrentará la batalla más peligrosa de su vida. Una donde las balas no serán su mayor amenaza, sino la venganza implacable de sus propios hijos, cuya meta final es una sola: hacerlo llorar.












