Capítulo 32 Su Firmeza

Adeline observaba desde su taburete, incapaz de apartar la vista de los movimientos de Alessandro. No era solo que estuviera cocinando; era la forma en que lo hacía. Sus manos, las mismas que firmaban contratos millonarios y daban órdenes despiadadas, se movían ahora con una precisión impresionan...

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