La estatua de Neptuno

El reloj de pared marcaba las tres de la madrugada cuando Fernando cerró la última carpeta y la dejó caer sobre la mesa con un golpe sordo. El polvo levantó una nube diminuta que bailó bajo la luz amarillenta del flexo. Llevaba así desde las ocho de la tarde, rodeado de papeles, recibos vencidos...

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