Capítulo 102 102

Marco volvió de Ostia antes del amanecer.

Livia no había dormido. Seguía junto al brasero con la carta nueva sobre las rodillas y una copa de vino olvidada.

Él entró usando la llave del Aventino. En una mano llevaba una tablilla envuelta en cuero; en la otra, una gallina.

—¿Por qué traes a Claudia?

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