Capítulo 30 30

El mercado de esclavos olía igual que siempre.

A sudor.

A hierro.

Al miedo espeso de quienes ya no pertenecían ni a su propio nombre.

Livia lo sintió antes de verlo.

El olor le golpeó la memoria con la precisión de una cuchilla.

Marco caminaba unos pasos delante, revisando un contrato que un comerci...

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