Capítulo 36 36

El sonido de los pasos llegó antes que la voz.

Livia no necesitó mirar hacia el atrio para saber quién era. Cayo caminaba con una cadencia imposible de confundir: lenta, precisa, como un hombre que nunca tenía prisa porque siempre llegaba cuando quería.

Dejó la tablilla de cera sobre la mesa.

Respir...

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