Capítulo 38

Cuando Evangelina llegó a la clínica, estaba asustada, sus manos temblaban y su corazón latía con fuerza. Demetrio Laureti era el único hombre que había amado.

—Massimo, dime que Demetrio está bien —le dijo a su suegro, que estaba sentado en la sala de espera con las manos en la cabeza, mirando al ...

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