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La fea secretaria del millonario

La fea secretaria del millonario

Naulis Machado · Completado · 121.3k Palabras

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Introducción

Demetrio Laureti es el millonario más codiciado de la ciudad. Un hombre arrogante, dominante y extremadamente apuesto, está acostumbrado a llevar a todas las mujeres que quiere a su cama. Cuando despiden a su secretaria, inmediatamente manda a buscar una nueva. Seguro de que han contratado a la más hermosa de todas, decide hacer una apuesta con su mejor amigo y conquistar a Evangelina Anderson, una mujer de apariencia grotesca, que no es para nada del gusto del italiano, pero que, sin embargo, logra volver locos todos sus sentidos.

¿Podrá Demetrio conquistar a su fea secretaria? ¿Podrá Eva perdonar a Demetrio después de esta apuesta?

Capítulo 1

Prólogo

Eva miró incrédula el eco con lágrimas en los ojos. En ese momento no sabía si llorar de felicidad o de dolor.

—¿Estás segura de lo que dice aquí? —le preguntó al doctor, quien la miraba con una sonrisa.

—Sí, son trillizos —confirmó el doctor y ella se quedó paralizada.

Con el eco en la mano, aún en shock, salió a la sala de espera. Su mejor amigo, Santino, la esperaba impacientemente.

—¿Qué te dijeron? —preguntó impaciente.

—Estoy embarazada de trillizos —explicó Eva, bajando la mirada.

—¡Carajo, Eva! ¿Por qué no te cuidaste? ¿Cómo fuiste a embarazarte de tu jefe? —exclamó.

...

Bajo el rascacielos de Florida, para ser exactos, al amanecer de un lunes de primavera, se encuentra Evangelina preparándose para su primer día de trabajo. Se mira en el espejo con desagrado y comienza a alisar su cabello hacia atrás, sin dejar un solo mechón suelto. Sus largas piernas están cubiertas por una horrible falda gris descolorida; y su enorme busto, por un suéter de cuello alto negro que no deja nada al descubierto. Sus zapatos de tacón negro anticuados la hacen parecer un poco más alta de lo que es, pero, a pesar de todo, sigue viéndose desagradable a los ojos de cualquier hombre que se acerque y, incluso desde lejos, se nota su feo rostro y, bueno, eso es porque lleva gafas pasadas de moda y aparatos, ya no necesita ocultar sus hermosos dientes.

Resopla con fuerza, acaba de graduarse en Ingeniería de Sistemas, pero por más que buscó un trabajo acorde a sus habilidades, las puertas se le cerraban. Las excusas eran claras; no tenía experiencia o era demasiado fea para el trabajo.

Hasta que su mejor amigo Santino le consiguió una entrevista por Internet en la empresa más multimillonaria del país e incluso del mundo, y la contrataron de inmediato, pero como secretaria ejecutiva del CEO Demetrio Laureti, un joven mujeriego y seductor que ha llevado a muchas mujeres a la cama, simplemente por su alta sociedad y renombre, además de su extravagante belleza.

—¿Es posible que hoy conozca a un hombre del que me pueda enamorar? —piensa mientras agarra su bolso marrón oscuro y sale de su habitación.

Eva, como todos la llaman, ha anhelado encontrar a su príncipe azul, ese hombre que llegue a amarla y volverla loca, pero siempre y cuando lo haga por quien ella es, sin querer cambiarla, sin importar su apariencia física.

Tomó una rebanada de pan simple para el desayuno. Ha estado viviendo sola desde la universidad, ha sido costoso, sus padres viven al otro lado de la ciudad, aunque a veces le envían dinero para ayudar con los gastos. No ha querido preocuparlos, sin embargo, ha habido noches en las que ha comido muy poco, lo que le ha causado despertarse al día siguiente con un fuerte dolor de estómago.

Su apartamento es modesto pero acogedor. A Eva le encantan las alfombras, así que lo ha llenado con ellas donde ha podido, solo tiene una habitación y la sala está compartida con la cocina, aunque es pequeña, no se queja, ya que es lo que tiene para vivir.

Salió de su apartamento a toda prisa, aunque faltaba más de una hora, la puntualidad es la mayor virtud de Eva, sin embargo, hay días en los que la suerte no está de su lado. Su viejo coche no arrancaba y tomar el autobús no era una opción, la empresa estaba a una distancia considerable y perdería la mayor parte del tiempo, así que comenzó a revisar su coche y después de casi media hora logró arrancarlo, sin perder más tiempo se dirigió hacia Remadrobot Laureti, la mayor empresa de aplicaciones en Estados Unidos, originaria de Italia y cuyo dueño es un joven heredero.

Al otro lado de la ciudad, al mismo tiempo, Demetrio se levanta pesadamente después de apagar su despertador de un golpe. La noche anterior lo dejó tan cansado que no puede moverse, pero su padre lo ha llamado la atención muchas veces por llegar tarde al trabajo, así que decide dejar a las dos hermosas rubias que tiene en su cama para empezar a prepararse.

Después de una ducha caliente, se viste tan formal y elegante como es su personalidad, desde la habitación con una ventana extraordinaria y una vista majestuosa de la ciudad, hasta la alta cama con sábanas de algodón donde descansa todos los días.

Abre el armario y se pone uno de sus muchos relojes de colección, ajusta su corbata y sin evitarlo se mira en el espejo; sí, la vanidad es una de sus cualidades y lo sabe, en cualquier caso, ¿quién no sería así teniendo tales atributos? Sus ojos de iris azules lo hacen parecer un dios griego, y su cabello rubio lo hace más atractivo de lo que podemos imaginar, además de ser bastante alto, con una figura esbelta y tonificada, dejando mucho a la imaginación.

—Cariño, vuelve a la cama, sí —una de las chicas se levanta para intentar convencerlo de quedarse con ellas, siendo una opción tentadora.

Aunque lo pensó por unos segundos, esbozó una media sonrisa, una sonrisa muy seductora, y luego respondió con total arrogancia.

—Vístete y recoge a tu amiga, haré que uno de mis conductores las lleve a casa —sus palabras fueron tan frías, que la chica llegó a imaginar que la noche anterior no había sido del todo placentera para él, y a decir verdad, en cierto modo lo había sido, porque para Demetrio ninguna mujer le había hecho alcanzar un alto grado de placer.

La rubia protestó, pero Demetrio la hizo callar, dejándola sola y sin palabras.

Se sentó a la mesa en el enorme comedor acristalado de doce asientos, donde todos los días solo él comía. La mesa estaba llena de muchas frutas, leche fría, ensaladas, tostadas y jugo de naranja. Después del desayuno miró su reloj para darse cuenta de que era tarde y tenía que apresurarse.

Se estaba emocionando, su secretaria ejecutiva, con quien había tenido una relación amorosa durante cuatro años, se había mudado a otro país y no es que Jennifer no le gustara y estuviera feliz por ello, sino que no podía controlar la emoción que le daba tener a su nueva secretaria en su cama, sabía que era bonita, era el requisito principal que exigía a los gerentes de recursos humanos para contratar a su personal femenino.

Pero lo que Demetrio no contaba era que su padre, cansado de los chismes en el trabajo y de que su hijo no se asentara, había dado la estricta orden de que la mujer contratada para reemplazar a Jennifer no fuera muy atractiva, lo menos posible.

Salió del ascensor a toda prisa, las puertas de la emblemática empresa ya deberían estar abriéndose a esa hora y no quería llegar tarde, los minutos en el ascensor de su edificio para llegar al estacionamiento se le hacían eternos, además, perdió tiempo, como cualquiera, debatiendo qué coche iba a usar ese día. Terminó eligiendo uno al azar e instruyó a Ramiro, su chofer, que condujera, ya que la resaca que tenía en la cabeza por las bebidas del domingo no le permitía concentrarse en la carretera.

Mientras su chofer esperaba en un semáforo y él programaba una reunión por teléfono, notó que en el coche viejo y destartalado junto a él había una mujer de aspecto desagradable.

—Nunca estaría con una mujer tan poco agraciada —piensa mientras la mira con desdén.

Adelanta el coche y, en pocos minutos, llegan a la empresa.

Evangelina desvía la mirada del frente hacia el lado adyacente, logrando observar que la persona a su lado hace un mal gesto. Sabe que su apariencia es desagradable para muchos hombres, sin embargo, no deja de soñar con el hombre que algún día la mirará de una manera muy especial.

—Con este hombre estaría dispuesta a perder mi virginidad —sonríe mientras se sonroja por su propia audacia.

Cuando el italiano llegó a la empresa, lo primero que preguntó a su amigo Antonio, quien es su compañero de trabajo, así como el director internacional de la empresa, es sobre la nueva secretaria recién contratada, queriendo entrevistarla de inmediato y aprovechar para echarle el ojo, al mismo tiempo preparando el terreno.

—¿Ha llegado ya mi nueva amante? —Demetrio sonríe mientras abre de par en par la oficina de Antonio.

—No, aún no, yo también me muero por conocerla, tal vez la chica se enamore de mí antes que de ti —Antonio quiere burlarse de él, sabe que Demetrio odia perder una conquista.

—No me hagas reír, hermano, ambos sabemos que las mujeres me prefieren a mí —Demetrio le guiña un ojo mientras se recuesta en el sofá de la enorme oficina de Antonio.

Aunque Demetrio podría ser el hombre más guapo de esa empresa o tal vez de toda la ciudad, Antonio no se quedaba atrás, sus seis pies de altura, más sus ojos oscuros le daban el toque intimidante que cualquier mujer desearía, además era un hombre bastante atlético, tanto que sus pectorales parecían que iban a salirse de la ajustada camisa azul celeste que llevaba esa mañana.

—No te lo creas, hermano —Antonio pone las manos sobre la mesa—. He oído por ahí que la nueva secretaria es tan bonita que es muy difícil llevarla a la cama —reflexiona sarcásticamente, ya que ha visto la foto de la nueva empleada cuando fue a Recursos Humanos antes, y definitivamente no es del gusto del italiano.

—No hay mujer que pueda resistirse a mis encantos —señala Demetrio con ironía.

—No estaría tan seguro —Antonio se burla internamente.

—¿Cuánto quieres apostar a que en menos de un mes la tendré comiendo de la palma de mi mano y en mi cama, hermano? —el italiano sonríe ampliamente, mostrando sus perfectos dientes.

—Apostemos a que no la llevas a la cama —inquiere Antonio divertido, sabiendo que su amigo al verla iba a desistir de esa apuesta.

—Te daré mi coche deportivo si pierdo, pero si gano, me darás tu colección de relojes —indica Demetrio con seguridad.

—De acuerdo, trato hecho —ambos se estrecharon la mano y él se dirigió a su oficina, ansioso por ver a su secretaria.

Eva llegó a su nuevo trabajo, estaba muy sorprendida por el enorme edificio donde iba a trabajar; era un edificio con más de ciento cincuenta pisos; también tenía un parque interior y un estacionamiento privado donde aparcó su viejo coche.

Salió casi corriendo hacia las oficinas, cuando llegó una empleada que estaba en la recepción la atendió mientras la miraba extrañada.

—Hola, ¿en qué puedo ayudarte? —sonrió tratando de no mostrar su sorpresa al mirarla.

Eva no se inmutó, estaba acostumbrada a ser objeto de burlas y ataques por su físico desde niña, así que la saludó de buen humor.

—Hola, soy la nueva secretaria del señor Demetrio, dime cuál es su oficina para ponerme a sus órdenes —respondió Eva educadamente.

—¿Eres la secretaria del jefe? —la mujer pelirroja no pudo evitar abrir la boca de par en par de sorpresa.

Todas las empleadas de esa empresa tenían una figura esbelta y un rostro fino y hermoso. Y verla a ella y saber que era la secretaria del italiano era algo muy sorprendente.

—Sí, soy yo, mira, recibí este correo hace unos días, hoy debo asistir a mi primer día de trabajo.

—¿Eres Evangelina Anderson? —la recepcionista miró en su libreta, ya que la había estado esperando por unos minutos.

—Sí, soy yo —Eva sonrió educadamente mientras se ajustaba las gafas.

—De acuerdo, disculpa si te he incomodado —indicó sinceramente la recepcionista—. La oficina del señor está en el piso ciento cuarenta y cinco.

—Gracias —respondió Eva para alejarse.

Buscó el ascensor con la mirada, uno decía privado y el otro público, así que tomó sin pensarlo el público, le parecía que la empresa era muy grande, además de extremadamente lujosa. Había infinitas salas, además se podía ver el cielo, no tenía paredes y en su lugar había vidrios semioscuros, y solo el ascensor estaba cerrado.

Cuando llegó al piso indicado había tres cubículos con secretarias en cada uno de ellos. Preguntó a la más cercana y aunque la chica se sorprendió al verla, anunció a Demetrio, quien de inmediato se entusiasmó y miró seriamente desde su ventana a unas palomas que pasaban.

—Pase, señorita Evangelina, el jefe la ha estado esperando por más de media hora.

Eva caminó nerviosa, aunque confiaba en sus habilidades e intelectualidad, no podía evitar sentirse nerviosa en su primer día de trabajo.

Cuando entró a la oficina, Demetrio se giró sonriendo, pero su sonrisa se borró de su rostro angelical al mirar a la joven que tenía frente a él.

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