Capítulo 9: Nada que perder

Los minutos se sentían como días, y mi mente no dejaba de reproducir la conversación una y otra vez. Las palabras de Dante resonaban en mi cabeza como un bucle interminable. "Ana, no te amo." Su voz era fría, distante, como si estuviera hablando con una desconocida.

Me desplomé en el sofá, mi teléf...

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