
La heredera de la mafia
Sara RM · Completado · 112.5k Palabras
Introducción
Mientras tanto, un guardaespaldas llamado Dante es contratado para proteger a Ana mientras se integra en la mafia, y pronto surgen sentimientos entre ellos. Pero algunos secretos son más oscuros que otros, y sus pasados pronto volverán para atormentarlos.
Dividida entre su amor por Dante y sus sentimientos persistentes por el enemigo de la mafia, Paolo Di Marco, la vida de Ana pende de un hilo mientras debe tomar una decisión: convertirse en la líder que su familia quería que fuera, o escapar de este infierno a toda costa, sin importar a quién traicione y qué pierda en el proceso.
Capítulo 1
Las luces de la ciudad parpadeaban en las pantallas que rodeaban mi pequeña habitación. El código fluía entre mis dedos como agua entre rocas, cada línea un paso más cerca de la libertad. Un clic, y la puerta virtual se abrió. Acceso concedido.
—Y estamos dentro— sonreí, satisfecha. Esta vez había sido más rápido. —Esta empresa caerá más rápido de lo que pensé.
Le estaba agradecida a mi madre por muchas cosas, pero especialmente por haberme involucrado en el mundo de las computadoras desde joven. A veces extraño tener conversaciones con ella sobre sistemas y todo eso, o tal vez solo la extraño a ella. Ojalá estuviera aquí.
Un sonido metálico me sobresaltó. El pomo de la puerta giró y mi corazón dio un vuelco. No era hora de visitas.
La puerta se abrió de golpe y la imponente figura de mi tío Marco irrumpió en la habitación. Su rostro, normalmente serio, estaba pálido y sus ojos parecían cristalizarse.
—Ana, necesito hablar contigo— dijo con voz temblorosa.
—¡Tío Marco!— me apresuré a abrazarlo. Supuse que no traía buenas noticias. —¿Qué pasa?— Un escalofrío recorrió mi espalda.
—Tu padre...— comenzó, pero las palabras se le atoraron en la garganta. Carraspeó y continuó. —Tu padre está muerto.
El mundo se congeló. Las pantallas, el código, la habitación, todo se desdibujó. Un vacío se abrió en mi pecho, un dolor agudo que me dejó sin aliento.
—¿Cómo?— susurré, apenas audible.
—Un accidente— respondió gravemente. —Un accidente de coche.
No pude evitar recordar la última vez que lo vi. Su mirada fría, llena de desaprobación, cuando le dije que no quería ser parte del negocio familiar.
—No puedo creerlo— dije, más para mí misma que para él.
—Yo tampoco— murmuró mi tío. —Pero ahora no es momento para lamentaciones. Hay mucho por hacer.
Las palabras de mi tío me golpearon como una ola de realidad. La muerte de mi padre, el jefe de la mafia más poderosa de la ciudad, creaba un vacío de poder. Y yo, su única hija restante, era la siguiente en la línea.
—No quiero esto— dije firmemente. —No quiero ser parte de esto.
Los ojos de mi tío se encontraron con los míos, llenos de una intensidad que nunca había visto antes.
—Ana, no tienes elección— habló con severidad. —Eres la heredera.
Pero yo no quería serlo.
Las siguientes horas fueron un torbellino de actividad. Preparativos para el funeral, llamadas a los asociados de la familia, reuniones con el resto de los miembros de la mafia. Cada paso me acercaba más a un destino que no quería, a un mundo que repudiaba.
En la víspera del funeral, me encontré en la habitación de mi padre, rodeada de recuerdos de una vida que no era la mía. Trofeos de victorias que no había celebrado, fotos de hombres con los que no tenía conexión.
Encontré un cuaderno escondido en un cajón secreto. La letra de mi padre llenaba las páginas, garabatos apresurados y dibujos crípticos. Parecía un diario, un registro de sus pensamientos más íntimos.
Comencé a leer, y las palabras me atraparon como una telaraña. Descubrí secretos que mi padre se había llevado a la tumba, traiciones que ni siquiera había imaginado.
Y entonces, lo encontré. Una página con una sola frase, escrita con tinta temblorosa: "Ana, la verdad te hará libre."
Cerré el cuaderno con manos temblorosas. La verdad. Esa era la clave para escapar del destino que me habían impuesto.
Esa noche, bajo la fría luz de la luna, juré que encontraría la verdad, sin importar el costo.
—Lo siento, papá. Este no es el destino que quería—. Sabía que nadie respondería, pero sentí la necesidad de confesarlo. Mi vida estaba a punto de cambiar.
El funeral de mi padre fue un evento solemne, una reunión de los principales actores del inframundo. Ojos me seguían a cada paso, llenos de expectativa, miedo y codicia.
Yo era la heredera, la joven Salvatore que ahora controlaba el imperio criminal. Pero no me doblegaría ante las expectativas. No sería una marioneta en manos de los hombres que me rodeaban. Juré que usaría mi posición para desmantelar el imperio desde dentro, para destruir el legado de mi padre y construir algo nuevo, algo mejor.
El sol se puso sobre la ciudad, pintando el cielo de un profundo naranja. El cementerio era un mar de flores marchitas y rostros sombríos. El funeral de mi padre había terminado, y con él, un capítulo de mi vida.
Mi tío Marco se acercó a mí, su rostro tan serio como siempre.
—Ana, necesitamos hablar, es importante— susurró.
Caminamos en silencio hasta la mansión familiar. La brisa nocturna me hizo estremecer, un escalofrío que no era solo por el frío.
Entramos en la biblioteca, una habitación oscura y polvorienta llena de libros antiguos. Mi tío se sentó frente a mí, sus ojos fijos en los míos.
—Ana, como sabes, tu padre era un hombre poderoso— comenzó. —Lideraba la organización con mano de hierro y era respetado por todos.
Asentí, sin saber qué decir.
—Su muerte deja un gran vacío. Un vacío que alguien debe llenar.
Me miró intensamente, sus ojos llenos de una intensidad que me incomodaba.
—Esa persona eres tú, Ana. Eres la heredera.
Sentí como si el mundo se hubiera detenido. Un dolor agudo en el pecho, una ola de náuseas que subía por mi garganta.
—No— dije con voz temblorosa. —No puedo ser. No quiero ser.
Mi tío se inclinó hacia adelante, con las manos apretadas en puños.
—No tienes elección, Ana, esto es lo que tu padre hubiera querido y lo sabes, siempre te lo dejó claro.
—Así como yo le dejé claro que no quería ser parte de esto.
—Eres la hija de tu padre, la única que puede mantener el orden y la unidad.
—Pero no quiero ese mundo— protesté. —No quiero tener nada que ver con la mafia.
Los ojos de mi tío se llenaron de tristeza.
—A veces no podemos elegir nuestro destino, pero podemos controlarlo.
Guardó silencio por un momento, como si buscara las palabras adecuadas.
—Tu padre te preparó para esto— continuó. —Te enseñó todo lo que necesitas saber para liderar.
—No me enseñó a ser un monstruo— dije con amargura.
—No, Ana, te enseñó a ser fuerte, a ser inteligente, a tomar decisiones difíciles. Esas son las cualidades que necesitas para ser una buena líder.
Me quedé sin palabras, sin argumentos. Lo que mi tío decía era cierto. No podía escapar de mi destino.
—No voy a dejarte sola— puso una mano en mi hombro. —Estaré a tu lado, guiándote y aconsejándote.
Le agradecí por su apoyo, aunque por dentro me sentía perdida y desorientada.
Necesitaba hablar con alguien, alguien que entendiera este mundo oscuro y sus consecuencias. Saqué mi teléfono y marqué el número de Valeria, mi mejor amiga.
—Ana, ¿qué pasa?— preguntó con voz preocupada.
Le conté todo, desde la muerte de mi padre hasta la conversación con mi tío.
—¡No puedo creerlo!— exclamó Valeria. —Tienes que salir de ahí, Ana. No puedes ser parte de eso.
—Lo sé, quiero hacerlo, pero no sé cómo.
—Te ayudaré. Encontraremos la manera de sacarte de ahí.
Colgué el teléfono y me dirigí a la puerta, con la esperanza de escapar de la mansión y de la pesadilla en la que se estaba convirtiendo mi vida.
Sin embargo, cuando abrí la puerta, choqué con un hombre alto y apuesto. Sus ojos marrones me miraron con sorpresa.
—Lo siento mucho— dije, avergonzada. —No te vi venir.
—No te preocupes— respondió con una amable sonrisa. —Soy Dante Di Marco, tu nuevo guardaespaldas.
Me quedé helada. Un guardaespaldas. Más control, más vigilancia.
—No necesito un guardaespaldas— dije a regañadientes.
—Es una orden de tu tío— replicó Dante con firmeza. —Tu seguridad es mi prioridad, señorita Salvatore.
Lo miré, sin saber qué decir. Este hombre era un extraño, un extraño que ahora sería mi sombra.
Suspiré, derrotada.
—Está bien, entonces ven conmigo.
Dante me sonrió de nuevo, una sonrisa que me hizo sentir un poco más segura.
Juntos, salimos de la mansión y nos adentramos en la noche. El viento soplaba, pero no era suficiente para calmar el fuego que ardía dentro de mí.
Dante caminaba a mi lado, su presencia constante un recordatorio de mi nueva realidad. No era libre, no era dueña de mi propio destino.
—No te preocupes, Ana— dijo Dante suavemente. —Te protegeré.
Lo miré, buscando algún signo de falsedad en sus palabras. Sus ojos marrones brillaban a la luz de la luna, y por un momento, me sentí segura.
—Gracias, Dante— murmuré.
Caminamos en silencio por un rato, cada uno perdido en sus propios pensamientos. La ciudad se extendía ante nosotros, un mar de luces parpadeando en la oscuridad.
De repente, Dante se detuvo.
—Aquí es donde vivo— dijo, señalando un pequeño edificio de apartamentos.
—¿Vas a quedarte aquí?— pregunté sorprendida.
—Sí— respondió. —Necesito estar cerca de ti...
—Órdenes— completé. —Sí, lo sé.
No sabía qué decir. La idea de tener un guardaespaldas viviendo a unos metros de mí me incomodaba, pero al mismo tiempo, me daba una sensación de seguridad.
—Buenas noches, Ana— dijo Dante, inclinando ligeramente la cabeza. —Que duermas bien.
—Buenas noches, Dante— respondí.
Entré en mi apartamento, agotada física y mentalmente. Me senté en el sofá y me dejé caer, con las manos en la cabeza.
¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a escapar de este mundo que me aprisionaba?
Cerré los ojos y respiré hondo. No me rendiría. Encontraría una manera de salir de este infierno. Lo juré por la memoria de mi madre, la única persona que me había amado incondicionalmente.
Esa noche, dormí con un sueño inquieto, plagado de pesadillas y sombras. La imagen de mi padre me perseguía, sus ojos llenos de reproche.
Me desperté al amanecer, empapada en sudor y con el corazón latiendo con fuerza. Sabía que no podía seguir así. Tenía que tomar una decisión.
Me levanté de la cama y fui al teléfono. Marqué el número de Valeria, esperando que pudiera ayudarme.
—Ana, ¿qué pasa?— preguntó con voz preocupada.
—Valeria, necesito tu ayuda— dije con voz temblorosa. —Tengo que salir de aquí.
—Lo sé— respondió Valeria. —Y voy a ayudarte.
—No sé si podamos hacerlo, la única manera de escapar de todo esto es estando muerta.
Últimos capítulos
#80 Capítulo 80: Es lo que necesitábamos
Última actualización: 5/22/2026#79 Capítulo 79: Es hora
Última actualización: 5/22/2026#78 Capítulo 78: Otra estrategia
Última actualización: 5/22/2026#77 Capítulo 77: No puedo creerlo
Última actualización: 5/22/2026#76 Capítulo 76: Nueva información
Última actualización: 5/22/2026#75 Capítulo 75: Nueva vida
Última actualización: 5/22/2026#74 Capítulo 74: Una carta
Última actualización: 5/22/2026#73 Capítulo 73: Siempre en constante lucha
Última actualización: 5/22/2026#72 Capítulo 72: Desesperación
Última actualización: 5/22/2026#71 Capítulo 71: Quedarse sin aliento
Última actualización: 5/22/2026
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Lo.
Escuchó.
Todo.












