Capítulo 44 Sin comprender.

—Oye, gracias por ayudarme, rogona— mencionó irónicamente la rubia joven de ojos verdes mientras luchaba por guardar en la cajuela de su auto, una maqueta en la que había estado trabajando por meses.

La castaña guardó silencio y terminó de fruncir el ceño al fijar sus ojos jade a la distancia.

Mic...

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