Capítulo 5 Pecaminoso placer. Parte 1.

La voz de Caroline se ahogó al ser aventada con poca delicadeza dentro de un pequeño cuarto y verse encerrada con el Hawkins cubriendo la puerta, que era su única vía de escape.

Su corazón golpeó con fuerza mientras lo veía recelosa, y de forma instintiva abrazaba su cuerpo al haber golpeado su espalda contra una estantería ubicada tras ella.

—¿Hu-humillación? — preguntó Caroline al verlo acercarse, ella pocas veces le había prestado real atención a Elijah Hawkins, pero casi juró que esa mirada negra, por unos segundos lució cargada de un odio y resentimiento que no era exactamente para ella. —¿De…de qué habla? — volvió a cuestionar sin ganas de verlo, pero consciente de la nula posibilidad de escape.

El lugar no medía más de tres metros cuadrados y estaba lleno de productos y utensilios de limpieza, no podría escapar de allí ni aunque lo quisiera, concluyó Caroline, y cuando tuvo a Elijah de frente, el foco de luz amarilla ensombreció ligeramente el blanco rostro del joven al quedar justo sobre él.

—¿Pretendes hacerte la imbécil? — le cuestionó Elijah y su rostro se endureció aún más al colocar sus manos a ambos lados del rostro de la joven.

Ella contuvo el aliento. —S-si esto es una broma…— se animó a hablar y quiso evadirlo.

Él la sujetó de la cintura cuando ella quiso salir y volvió a estrellarla contra el estante, haciendo temblar varias botellas plásticas de productos de limpieza.

—Está muy lejos de serlo y ya lo verás. — amenazó el Hawkins cuando rodeó la pequeña cintura de Caroline con su brazo y la pegó a su cuerpo.

Caroline tembló y evitó verlo a los ojos, su cuerpo alto y atlético le resultaba intimidante y estando así, era peor…pero algo había en ese hombre que le impedía sentir un miedo real hacia él, como si, de alguna manera, ella y el fueran similares. No lograba entender aquello.

Ella jadeó.

—S-si está mo-molesto por lo que dije e hice…— mencionó y apretó los ojos al sentir el aliento caliente del joven en su cuello. —Y-yo… yo lo hice porque u-usted…me robó mi primer beso…— intentó decirle.

—No soy ningún imbécil, O´Sullivan. No te creo. — Elijah le aclaró y la tomó de su cuello para obligarla a verlo y sonrió ante su temor. —¿qué pretendes haciéndote la mustia?, y si crees que llegué muy lejos robándote tu primer beso, te sorprenderá saber que más voy a robar de ti…de ninguna manera alguien como tu podría no haber tenido su primer beso…o podría seguir siendo virgen. — le dijo con molestia, pero cargado de excitación.

Ahora estaba claro para él, ella no era diferente a ninguna, pero se sintió seguro de que su careta de tonta no era más que eso, una simple fachada para que personas estúpidas como el imbécil de Bernard, sintieran la patética necesidad de defenderla, como el propio rubio le había dicho.

—¿Qué, d-dice? — preguntó ella intentando alejarlo…el aliento embriagante del joven acariciaba su rostro al éste, respirar por sus labios, producto de la excitación que ya sentía al ser consciente de las distintas curvas del cuerpo de la chica pegadas a él.

Él acarició su rostro con el pulgar al seguir sosteniendo su cuello y más que una caricia, a ella le pareció una amenaza silenciosa.

—Yo no soy como el imbécil de Bernard… — dijo Elijah y sonrió al sentirla tensarse. — A mi si alguien me molesta… me la paga…y si quiero algo, lo tengo…y esta noche, te quiero a ti, Caroline…quiero que tu estúpida mirada me vea tan solo a mi…no a él. —

—L-lo siento. — se disculpó Caroline al sentir la mano con la que la apresaba, recorrerle la espalda.

—¿Qué te hace pensar que una disculpa servirá? — susurró Elijah en su oído mientras lamía el mismo.

Ahí ella entendió que hablaba en serio.

—N-no. — y aquella fuerza que la motivó a abofetearlo, la ayudó ahora a aventarlo cuando el joven disminuyó su fuerza y corrió el par de pasos hasta llegar y tocar el pomo de la puerta. —¡Por favor! — gritó y jaló de la puerta.

—No tan rápido, O´Sullivan. — Elijah la detuvo de la cintura y la alzó para después volver a cerrar la puerta que ella había alcanzado a abrir.

Fueron menos de dos segundos desde que él la sujetó, hasta que se vio adolorida de la cabeza, al haberla tirado al apenas limpio suelo y subirse sobre ella.

Las cristalinas lágrimas que habían amenazado con salir se asomaban ligeramente de sus ojos.

—Su-suéltame… d-déjeme ir…— suplicó Caroline al verlo observar su cuerpo preso bajo él. —N-no se lo diré a na-nadie. — Caroline volvió a mencionar comenzando ahogarse con el llanto que se negaba a soltar.

—¿Y perderme esto? — se burló el joven al jalar una de sus piernas y resbalar entre ellas, quedando ella casi vulnerable para él.

Fue en ese momento cuando Caroline no pudo seguir conteniendo el llanto...pero aquel, no era un llanto de miedo, si no uno de culpa, su cuerpo, reaccionaba al toque de Elijah, como deseando algo que jamás había querido desear.

Sus lágrimas bañaron su rostro y él apenas la vio, al recorrer sus ojos negros con tortuosa calma, desde la cremosidad de sus piernas entre las que se encontraba, su cintura pequeña y el abultado busto que se movía agitado al estar la joven hipeando.

—¿Te ha dicho el imbécil de Bernard lo bien que te ves? Joder, eres simplemente hermosa. — Elijah le preguntó al reconocer su belleza.

Y en ese momento se presionó contra ella y la pelinegra apretó sus ojos y sollozó, al sentir la que hasta ahora reconocía como la prominente excitación que el pelinegro tenía entre sus piernas.

—¡Ba-basta! — Caroline alzó la voz y la misma se quebró al no poder quitárselo de encima.

—Si no es tan estúpido, seguro te lo dijo…claro…cuando hablaban en la mesa, el debió decirte lo jodidamente hermosa que eres, y si no fuera un idiota, te hubiera dicho lo mucho que el realmente desea llevarte a la cama, y cogerte tan duro hasta terminar exhausto…porque eso es lo que yo quiero. — Elijah volvió a hablar y al sentirla forcejear con más fuerza, la tomó de las manos y las alzó sobre su cabeza. —Esto es…delicioso… — gimió roncamente el pelinegro. —No sé si seas consciente que, al moverte de ese modo, solo logras excitarme más...y puedo no soy el único que lo está disfrutando. — se burló y besó su cuello, al notar la humedad entre sus piernas… ella siguió revolviéndose bajo él a pesar de su comentario.

—P-por favor… de-déjeme… — sollozó Caroline amargamente tartamudeando, pero reconoció para sí misma, que no estaba poniendo demasiada resistencia, y sintió asco de ella misma al entenderlo, mientras él se entretenía en besar su cuello.

Sus músculos comenzaban a doler y apenas lograr mover al imponente cuerpo del Hawkins.

En un alarde de fuerza, él sujetó las dos blancas manos de la llorosa chica con una sola de las de él…cuando la otra bajó, y masajeó uno de sus senos, sintiendo la redondez y suavidad del mismo.

—Esto no es…co-correcto… — murmuró Caroline, y arqueó su espalda ante aquel toque que logró encenderla contra su voluntad.

—Mph…todavía no es tiempo de decir eso, O´Sullivan…porque esto apenas, está comenzando. — dijo el Hawkins, y Caroline sintió la voz ronca y amenazante de Elijah en su oído.

Aquello le provocó más humedad a Caroline…y un calor extraño comenzaba a recorrerla contra la voluntad de sus pensamientos más sensatos.

Los ojos profundamente negros del Hawkins observaron la palidez del rostro bañado en lágrimas y la forma en la que sus labios se abrían y cerraban, sollozantes y jadeantes de impotencia y excitación, logró encenderlo, y volvió por ellos.  

En ese momento supo que aquello era un estúpido capricho naciente en el hacia esa mujer que se negaba a mirarlo. Caroline O´Sullivan era patética, pero la deseaba como no había deseado a nada ni a nadie antes. Quizás, aquello era únicamente por que ella lo despreciaba en favor de Bernard, su aun mas patético amigo, a quien siempre vio inferior a él…y él no podía aceptar que Bernard tuviera algo que él no pudiera tener.

Pero apenas la besó, ella mordió sus labios intentando lastimarlo, y, aun así, volvió a probar los mismos con su lengua sintiendo el sabor metálico de su sangre en los de ella. Esa mujer lo encendía…y quería poseerla en todos los sentidos, no quería dejar nada de ella para Bernard.

No fue hasta que él tiró de su vestido que ella, dejó de morderle. Caroline volvió a jadear y nunca se sintió más humillada y excitada, cuando además de que él se había deshecho del moño que sujetaba su vestido en su cuello, también abrió su sostén.

—No…— suplicó a medias y lo vio con miedo.

El Hawkins perdió el aliento un segundo al observar la blancura y redondez perfecta de sus senos.

—Esto pudo haber sido diferente, O´Sullivan…no debiste de decirme que soy inferior a ese imbécil…porque ahora, en lugar de estar con él, vas a estar conmigo. — aseguró al apenas verla a los ojos y volver a bajar la mirada a sus senos, mientras la mano que los había expuesto, ahora los acariciaba. La erección del joven creció todavía más bajo sus costosos pantalones, al punto de dolerle mantenerla presa.

Ella había ladeado su rostro y apretado sus ojos mientras mordía sus labios, se sintió excitada y avergonzada de sí misma… sus lágrimas mostraban su impotencia y su vergüenza.

—Basta…p-por favor, por…favor… — volvió a suplicar y al segundo lo sintió retirar su mano… cuando tuvo el valor de verlo a esos profundos ojos ónix, él la veía, también jadeante e impaciente mientras desabotonaba su negra camisa.

“¿Va… va a hacerlo…, de verdad?” pensó la confundida joven que se quedaba sin fuerza y sin voz por el llanto… ¿qué clase de monstruo era él?

—No…quiero hacer esto contigo…porque no te amo. — suplicó y su ceño se frunció al intentar ver y encontrar al humano en él.

—Elijah, ¿todo bien? — la voz del joven peliblanco irrumpió y la chica forcejeó una vez más. El Hawkins fulminó con la mirada al intruso y éste, se quedó petrificado al ver a su amigo sin camisa y entre las piernas de la semidesnuda joven. —¿Qué? — mencionó casi sin voz.

Caroline supo que ese era su momento de escapar, de pedir ayuda…pero el calor de su cuerpo, el placer culposo que sentía, le hizo callar…y con miedo de si misma, y una vergüenza como nunca había experimentado, entendió que quería llegar más allá…que quería que aquello pasara, y no logró comprenderse.

Aquel no solo era el arrogante Elijah Hawkins…también era el amor de su amiga Fiona...y era el mejor amigo de Bernard, a quien ella amaba.

—Lárgate, Rubén. — la amenazante voz del pelinegro sacó de la sorpresa al peliblanco y tras asentir incrédulo, luego de un segundo, cerró la puerta una vez más.

Caroline dejó escapar el aliento al entender que ella, no había pedido ayuda.

— ¿Por qué? — preguntó y su voz, contrario al miedo, no se cortó…aquella pregunta, no era para Elijah…si no para ella misma.

Él sonrió de medio lado y la molestia volvió a adornar sus facciones mientras el negro cabello le caía a los costados de su rostro.

—Por mi pequeña venganza… — respondió Elijah al creer que aquella pregunta hecha por Caroline, era para él, y luego al bajar a ella y aplastar sus senos con su pecho.

Una venganza injustificada contra ella…y ella, acababa de ceder su pasión al diablo, pensó la joven al ladear su rostro.

—…porque nadie se burla de mí…— añadió Elijah al bajar su mirada nuevamente a los redondos senos de Caroline que parecían más grandes por la posición en la que la tenía y posteriormente, bajó sus labios a éstos. Caroline sollozó sonoramente. — Y porque te deseo mucho, Caroline…desde el momento en que vi como tus ojos, en vez de mirarme a mí, lo miraron a él…a ese imbécil. — confesó para introducir uno de sus pezones a su boca, luego lamerlo y finalmente succionar el mismo.

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