Capítulo 115 CRESCENDO

Sargis

—Mírame —murmuré.

Casi de inmediato, obedeció.

Alzó la cabeza de donde la había enterrado contra mi hombro, y esos hermosos ojos grises, dioses, se alzaron para encontrarse con los míos.

Estaban enmarcados por el abanico de sus pestañas densas, negras como tinta, y por un instante suspend...

Inicia sesión y continúa leyendo