Capítulo 41

El coche seguía frío.

Veyra no podía dejar de castañetear los dientes. Tenía el vestido empapado, pegado a la piel como una segunda capa de hielo. Lily se había quedado dormida en el regazo de Dorian, con el pequeño rostro apoyado contra su pecho, respirando de forma lenta y regular.

Dorian miró a...

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