Capítulo 50

La habitación quedó suspendida en silencio.

Eleanor seguía aferrada al respaldo del sofá, con el rostro del color de la ceniza vieja. Le temblaban los labios. Le temblaban las manos. Parecía una mujer que acabara de ver su propia tumba.

Veyra la observó. La estudió. La forma en que su respiración ...

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