Capítulo 54

La luz fría dejó de cegarlas.

Veyra parpadeó. Sus ojos se adaptaron. Y entonces soltó un jadeo.

La habitación no era una habitación. Era una bóveda. Una fortaleza. Una catedral de armas.

Tres paredes se extendían del suelo al techo, cubiertas de soportes, estantes y vitrinas. Armas de todas las f...

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