Capítulo 3 "Mi Intimidad"
Capítulo 3
Olivia está parada bajo el marco de la puerta, observando con esa mirada que siempre me ha hecho sentir pequeña. Sus ojos recorren el lugar deteniéndose en Maximiliano quien está de pie frente al escritorio, con la ropa a medio poner y el gesto tenso.
—Vaya, vaya. ¿Cómo es que el respetable comandante Trellis ha terminado así con una chiquilla de veinte años? —dice Olivia esbozando una sonrisa mientras se cruza de brazos.
Maximiliano no dice nada. Sus hombros se relajan, no hay sorpresa en su rostro solo frialdad. Él camina hacia ella con pasos pesados invadiendo su espacio personal.
— ¿Qué carajos me hicieron? —pregunta. Su voz suena grave, llena de rabia contenida.
— ¿Nosotros? Nadie lo obligó a hacer nada, eso fue decisión suya —responde ella sin pestañear.
Olivia inclina la cabeza y señala un punto preciso detrás de un montón de libros. Mis ojos siguen su dedo hasta distinguir la lente de una cámara escondida. El aire me falta. Siento un vacío en el estómago al entender que nuestra intimidad ha quedado atrapada en una grabación.
—Hable claro. ¿Qué es lo que quiere? —Maximiliano escupe las palabras con la mandíbula tan apretada que se le marcan los tendones del cuello.
—Sabe lo que ese video puede hacerle a su reputación. Quiero que cierre la investigación.
Él suelta una risa amarga.
— ¿Me está chantajeando? ¿Cómo se atreve? Aquí la autoridad soy yo, así que entrégueme ese video o lo voy a conseguir a mi manera.
—No soy tonta Trellis. El video está bien resguardado. Si no accede, alguien más lo publicará por mí.
Maximiliano no contesta. Se queda callado un momento, analizando cada rincón de esta oficina hasta llegar a mí. Sus ojos fríos me ven sin compasión.
—Esto no se va a quedar así — sisea y me aparta la vista como si mi presencia le causara nauseas.
Se marcha de la oficina sin mirar atrás. El silencio que queda es absoluto. Olivia pierde la compostura en cuanto la puerta se cierra. Sus manos antes tranquilas ahora se han vuelto temblorosas.
— ¡Eres una inútil! Arruinaste todo.
—Olivia…
— ¡Cállate! —me suelta una bofetada tan fuerte que la boca me sabe a sangre.
Me agarra del cabello con fuerza para inclinarme; De un tirón quita mi prendedor, revelando un micrófono pequeño que pone frente a mis ojos. Es ahí cuando entiendo que ella ha escuchado todo incluso cuando intenté avisarle a él. Olivia me tira al suelo y empieza a golpearme sin parar.
Perspectiva de Maximiliano…
Mas tarde…
Me sirvo una copa de whisky y salgo para sentarme en la mesita del balcón. Esas dos creen que se salieron con la suya. No tienen idea de con quién se metieron. Aprieto el vaso hasta que mis nudillos se ponen blancos. Mi mejor amigo entra sin tocar soltando un fajo de papeles sobre la mesa.
—Es tiempo de que vuelvas a la empresa. No puedes seguir ignorando tu trabajo como CEO. ¡No puedo hacer todo yo!
—Ya te he dicho que la empresa me importa un carajo —respondo sin mirarlo, dándole un trago largo a la bebida—Tengo cosas más importantes qué atender.
—Es tu imperio Maximiliano. No solo arriesgas millones, también el futuro de Mía por estar jugando al comandante. Esa promesa se la hiciste a alguien que te abandono en una canasta. Además, eras un niño ¿Por qué no solo sigues adelante?
Estrello el vaso contra los papeles. El líquido se desparrama sobre las hojas.
— ¡Cállate! ¡Tú qué sabes! Si pierdo mi puesto, todo lo que he construido no servirá de nada. Esa promesa no es un juego. Mi puesto de comandante me da el poder que necesito para que nadie vuelva a decidir sobre mi vida como lo hicieron ellas. No vuelvas a mencionar ese tema. ¡Lárgate de aquí!
Punto de perspectiva de Elena…
Luego de pasar algunas horas en el cuarto de castigo, regreso a mi habitación, cada paso es una batalla que abrir la puerta es un reto. Camino hacia adentro. Siento un dolor punzante en mis músculos, uno que por primera vez me hace sentir miedo por mi propia vida.
Con esto Olivia me ha hecho sentir que los golpes anteriores por no haber vendido galletas o limpiar bien los baños eran solo caricias a comparación de estos.
Analizo la habitación y estoy sola, mi compañera de cuarto no está. Sigo con mis pasos hacia la cama y al intentar quitar las sabanas para recostarme algo me roza la mano debajo del forro. Es un sobre. Tiene mi nombre escrito con pluma negra y, abajo, el nombre de "Maximiliano Trellis". Mis manos tiemblan. Me cuesta tragar saliva. ¿Qué hace esto aquí? ¿Por qué él ha dejado una carta?
Desdoblo el papel. Unas letras rojas redactan muy bien el mensaje: Hiciste bien tu trabajo Elena. Disfruta mientras puedas. Pero no olvides que Olivia tiene tu intimidad en sus manos, para ella solo eres un recurso prescindible. En cuanto termine de usar esa grabación en mi contra, también la usara contra ti y terminaras expuesta. Tú tiempo empieza a correr desde hoy”
Aprieto la hoja contra mi pecho y me voy directo al baño para guardarla junto con la cadena.
Ha pasado una semana. Desde que encontré aquel sobre, todo ha sido una tortura. Durante el día me obligo a cumplir con mis tareas habituales, sirviendo mesas y limpiando. Mientras que por las noches el mensaje de Maximiliano no me deja cerrar los ojos.
El aire dentro de la habitación es irrespirable. Necesito un respiro antes de perder el juicio.
Salgo al jardín buscando alivio, abrazo mi propio cuerpo para intentar detener el temblor en mis manos, pero la mente me arrastra de nuevo al abandono que me dejó a la deriva.
A lo lejos un murmullo me hace quedar inmóvil, enseguida me desplazo por en medio de los arbustos. Olivia está discutiendo con el jefe de seguridad de las instalaciones.
—Señora, viajaré pronto. Mejor quédese con el USB —dice él, extendiendo el dispositivo.
Olivia lo rechaza con un empujón.
— ¿Estás loco? Si lo tengo yo seré un blanco fácil. Guárdalo tú. Ese comandante volverá, de eso estoy segura.
Me quedo boquiabierta al observar como discuten algo tan comprometedor como si se tratara de un objeto cualquiera.
Olivia da la media vuelta para meterse a las instalaciones. El guardia asiente y entra a su oficina. Con cautela me deslizo hasta quedar cerca de la puerta. A través de una rendija memorizo la clave que teclea para encerrar el dispositivo dentro de la caja fuerte. Segundos después se presiona el abdomen con una mueca de dolor en su rostro, en ese instante me escondo para ver cómo sale apresurado, hacia el baño del exterior. Entro de inmediato; repito la combinación y el mecanismo cede con un chasquido.
El USB que contiene mi secreto más obscuro esta frente a mí. La respiración se me acelera al tenerlo tan cerca, un escalofrió me recorre la nuca. Mis dedos lo alcanzan, pero me paralizo al sentir a alguien justo detrás de mí.
—Dame ese USB —la voz de Olivia es una sentencia.
El aire se me atora. Giro lentamente para ver sus ojos llenos de furia mientras que en su mano la vara choca una y otra vez contra su palma.
