Capítulo 6 "Una Foto Y Un Deseo Inexplicable"
Capítulo 6
Un carraspeo corta la tensión. Una mujer mayor de uniforme impecable se detiene a nuestro lado.
—Señor Trellis, aquí estoy.
Él deja de mirarme.
—Perfecto—dice —Lleva a Elena con Mia. El resto ya lo sabes.
La mujer inclina la cabeza y me señala el camino. Avanzamos hacia la planta alta. Ella detiene sus pasos frente a una puerta blanca la cual abre enseguida. Al entrar, la habitación huele a talco y algodón. Un aroma limpio. Frente al tocador esta Mia. Al verla reconozco a la niña del jardín, aunque ahora permanece inmóvil, tan ajena a nuestra presencia.
—Mía, ella es Elena. Tu nueva niñera.
La pequeña me sostiene la mirada por un instante, luego niega con la cabeza.
—Son órdenes de tu padre. Recuerda que debes obedecerlo.
Me acerco a ella buscando su mirada en el espejo. Mis labios intentan una sonrisa amable aunque se deshace ante su reflejo malhumorado.
—Hola, Mía. Soy Elena. Te cuidaré bien.
Extiendo la mano pero ella ni parpadea. Se levanta, abre un cajón y saca un libro. Se aleja hacia el balcón sin dedicarme un segundo más. Mi mano se queda allí suspendida en el aire, hasta que la escondo detrás mi espalda.
—No habla con nadie más que con él —murmura la mujer.
Me tiende un papel y un diario de cuero, color rosa.
—Soy el ama de llaves. Lee esto a fondo y sigue las instrucciones. En esta casa no se aceptan errores, visitas externas, ni ruidos fuera del lugar que alteren la rutina de la niña. Por favor sígueme.
Salimos al pasillo y entramos a la habitación de al lado. Sobre la cama hay un conjunto de ropa rosa.
—Esta será tu habitación mantenla limpia. Cámbiate que el tiempo es oro.
Dicho eso, se da la vuelta y me deja sola.
Minutos más tarde vuelvo a la recamara de Mia. El silencio es lo primero que me recibe. Ella no está. El corazón se me acelera al pensar que es mi primer día de trabajo y no puedo cometer ningún error. Reviso cada rincón: busco debajo de la cama, aparto las cortinas, abro la puerta del vestidor. Nada. Me acerco al ventanal, con las manos apoyadas en el cristal y ahí la veo. Esta sobre el césped.
Salgo al pasillo. Esta casa es un laberinto. Tardo una eternidad para llegar al jardín pero finalmente lo logro. El aire de la tarde mueve mi melena larga mientras me dirijo hacia Mia quien sigue concentrada en colorear.
Intentando no hacer ruido me siento a su lado.
—Coloreas muy lindo.
Gira la cabeza mientras me fulmina con la mirada. Arruga la hoja con furia y se va. Bajo la mirada para esconder las manos entre mis rodillas. Tengo que mantener la calma o terminare por arruinarlo todo antes de empezar.
La luz del atardecer ha desaparecido. Llevo horas leyendo cuentos con la esperanza de que me confirme que estoy haciendo bien mi trabajo, pero solo escucha con los ojos fijos en el vacío hasta que el cansancio la vence.
Me levanto de la silla con los músculos entumecidos. Apenas doy un paso, un quejido me detiene.
—Mamá... no te vayas.
Me acerco confundida, buscando una explicación. Ella sigue dormida. Cuando intento apartarme, su mano se cierra sobre mi muñeca. Pobre debe de extrañar a su madre. Sin fuerzas para protestar me siento otra vez. El agotamiento de estos días termina por vencerme dejándome en un sueño profundo.
Un golpe seco me despierta. Los colores cubren el suelo y la cama vacía me confirma que Mia ha escapado, de un brinco me levanto para salir a buscarla. Al fondo se escucha un vals antiguo resonando por toda la planta alta.
Al dar unos pasos veo a Mia quien avanza como una sonámbula. Justo cuando va a cruzar la única puerta que filtra un destello de luz, sutilmente la sujeto del brazo y la apego a mi cuerpo.
Ahí dentro esta Maximiliano. En una mano sostiene un vaso de Whisky y en la otra, la luz atraviesa una fotografía revelando la silueta de una mujer. Un sollozo contenido, se escapa de sus labios.
Maximiliano levanta la vista y antes de que pueda vernos arrastro a Mia hacia una esquina oscura. Nos quedamos inmóviles mientras él se asoma al pasillo. Cuando finalmente vuelve a meterse aprovecho para llevar a Mia de regreso hacia la habitación.
Dejo a la pequeña recostada en su cama. Por unos minutos me quedo paralizada en el pasillo. La silueta de esa foto me tiene tan obsesionada que me desconozco. Con cautela voy hacia ese despacho, me asomo y no hay nadie, avanzo hasta el escritorio para revisar papel por papel pero no hay nada. De pronto el golpe de una puerta me hace voltear, Maximiliano sale de ahí con el cabello húmedo y con el torso desnudo.
— ¿Qué buscas aquí, Elena?
Él observa mis manos, luego los papeles que acabo de soltar. Intento inventar alguna excusa pero él me mira con tal sospecha que ya no puedo más.
—Está bien… Vi... vi la foto de una mujer. Pensé que estaba llorando… y…
Mi voz tiembla al confesar.
Sus facciones se endurecen mientras me sostiene la mirada, de pronto exhala y su rostro se relaja por completo.
— ¿Qué quieres, Elena? ¿Qué intenciones ocultas?
Maximiliano invade mi espacio. Al chocar su cuerpo contra el mío, trago saliva, incapaz de apartar la mirada de su cuerpo y de ese tatuaje en su brazo que resalta bajo la luz. Él sujeta mi barbilla forzando el encuentro de nuestras miradas.
— ¿Qué haces de madrugada con un hombre medio desnudo? Deberías estar dormida y no viéndome asì ¿Tanto te intrigo Elena?
Sus dedos recorren mis labios. Aprieto los dientes al sentir el contacto Él no se detiene; su mano baja hacia mis brazos. Su aliento, cargado de whisky acaricia mi rostro a la vez que las gotas de agua que resbalan por su cabello, caen sobre mi pecho.
Parece haber olvidado por completo lo que ha ocurrido hace un momento, su mirada ya no refleja la melancolía ni el enojo de antes, ahora es invasiva.
— ¿Por qué estas nerviosa? —susurra con voz ronca —No es la primera vez que estamos así. ¿Quieres que te recuerde como solemos terminar cuando estamos cerca de un escritorio?
