Capítulo 16 Mi misericordia impulsó tu actuación

—No, no… por favor…

Ella suplicó con voz ronca, una y otra vez, pero eso no le arrancó ni un ápice de compasión. Al contrario —ya fuera que lo excitara o lo enfureciera—, su pene se puso más duro y grueso, embistiendo más hondo, más rápido y con más fuerza en cada arremetida.

Era como si tuviera u...

Inicia sesión y continúa leyendo