Capítulo 34

La brisa marina traía un frío mientras me sentaba junto a la ventana de la posada privada situada al borde de un acantilado, sus vigas de madera crujían ligeramente con cada ráfaga. El sonido de las olas rompiendo contra las rocas abajo era casi hipnótico, el ritmo me adormecía en un trance que tant...

Inicia sesión y continúa leyendo