Capítulo 37

Las grandes puertas de la sala del trono se alzaban ante mí, imponentes y frías. Me costó cada gramo de fuerza contener el temblor en mis dedos, mantener la cabeza en alto mientras se abrían y me llevaban a pararme frente al rey. Las antorchas a lo largo de las paredes ardían bajas, proyectando somb...

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