Capítulo 38

El frío húmedo de la mazmorra se metía en mis huesos mientras me sentaba en el suelo de piedra rugosa, mi mente corría a mil por hora. Parecía que habían pasado horas desde que María me visitó, pero no había vuelto. Ni María ni Rowan. Él debe haber notado mi ausencia a estas alturas. Debe estar busc...

Inicia sesión y continúa leyendo