Capítulo 38

—¡Oh, Dios mío! ¡Violeta! —exclamó la mujer corriendo con los brazos abiertos para abrazar a Violeta.

Esa acción casi hizo que Violeta quisiera llorar. Gwen era la única que realmente podía hacerla sentir querida dentro de esas paredes.

Violeta no tenía muchos amigos en realidad, eran solo ellas...

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