Capítulo 6 Capítulo 5
—El fin de semana pasó algo que no me esperaba en lo absoluto. Llevaba mi vida completamente tranquila y podría decir que tenía paz mental, pero todo se derrumbó cuando lo vi. Pensé que había superado a Aiden, que lo que pasó no dolía como antes, pero me di cuenta de que estaba muy equivocada. Él siguió con su vida como yo con la mía, incluso encontró a alguien que lo hace sonreír. Siento muchos celos por ello, celos de esa chica, y celos porque él logró enamorarse y yo no, y esto me molesta demasiado de mí, porque no quiero que ese chico tenga ese efecto en mi persona. Sé que soy yo quien controla mis emociones, que soy yo quien se tortura pensando en todo eso, pero me cuesta no hacerlo. Cuando noté lo enamorado que está, recordé nuestra historia y me dije a mí misma "yo antes tenía ese lugar, antes él me quería a mí", y automáticamente quise echarme a llorar de lo triste que me sentía. Verlo me golpeó duro, pero verlo con alguien más fue todavía peor. Obvio que me he imaginado que alguna vez llegaría a encontrármelo, pero nunca imaginé qué pasaba si yo lo encontraba con otra chica. Me duele mucho a pesar del tiempo que transcurrió, es como si hubiera sido ayer que Aiden terminó conmigo y se largó. Él me vio, supo que yo le prestaba atención, y tal vez debí hacerme la tonta, pero no quería dejar de verlo a pesar de que dolía. Lo sé, es masoquista, pero he oído que es normal del ser humano. James, mi amigo, quiso darle celos Aiden, porque no lo quiere ni un poco y siente rencor por cómo me dejó luego de que le di todo, y hasta lo encaró en el baño del restaurante, quiso ponerlo más celoso, pero Aiden simplemente soltó palabras venenosas y afiladas.
—¿Estuviste de acuerdo con que James fuese hasta el baño para poner celoso a Aiden? —preguntó mi psicólogo.
—Me ponía nerviosa que James hiciera eso, le dije que no fuera tras él, pero no voy a mentirle, sí me daba curiosidad saber qué diría Aiden, y terminé decepcionándome.
—¿Crees que James siente algo por ti?
—¿Por qué esa pregunta?
—Es solo una pregunta, quiero saber qué es lo que opinas.
—Él es mi amigo, hemos hablado sobre esto varias veces, y ambos concordamos que es mejor ser solamente amigos y no cruzar la raya para no perder la relación que tenemos. Ahora que lo menciono, tengo que confesar que la noche que vi a Aiden, James y yo nos besamos.
—¿Se besaron? —la mirada de aquel hombre me ponía incómoda. Decirlo en voz alta me hizo entrar más en razón, hacer eso fue inmaduro—. ¿Para darle celos a Aiden?
—Sí. Es tonto. Lo sé.
—Es muy humano, más cuando algo duele tanto. ¿Crees que Aiden le dijo la verdad a James? ¿Crees que no siente nada más por ti, que el verte allí no le causó nada?
—Ya no sé qué creer de él.
—Yo creo que sí —me dijo. Mis ojos quedaron fijos en los del especialista y dejaban claro que necesitaba que profundizara esa acotación. Presté atención—. Fuiste alguien importante en su vida, verte no le ha dado igual, Emma. Pudo haberle afectado en muchos aspectos. Quizá no amorosamente, pero sí le ha golpeado en los recuerdos, en cómo era él antes. Tú fuiste su amor, se quisieron mucho, y pasaron por mucho. Verte también pudo haberle recordado cómo era él antes.
—No creo. Él me demostró ser otra persona.
—¿Nunca te has puesto a pesar que él decidió irse por alguna razón?
—¿Lo está defendiendo? Aiden me dejó en plena plaza, me gritó y se largó, sin darme alguna buena razón. Fue muy malo conmigo.
—No lo defiendo, no estoy diciendo que Aiden hizo bien las cosas, porque su toma de decisiones causaron un efecto negativo en ti, y tuvo maneras de hacer mejor las cosas.
—¿Y cuál puede ser ese motivo? —mi rabia hacia Aiden quería manejar mi habla, había muchas malas palabras atascadas en mi garganta que pedían salir. Estos últimos días había estado generando mucho más rencor, mientras más pensaba en él, peor era. Pero no podía no pensarlo, lo ocurrido la otra noche me daba vueltas y vueltas—. Si él tuvo algún motivo pudo decirme las cosas de frente, sin necesidad de ilusionarme. Aiden me prometió que las cosas iban a ser distintas, que estaríamos juntos, que las cosas mejorarían. Y luego me sale con que me merezco algo mejor. ¿Qué clase de excusa es esa? Él no tiene por qué decidir eso por mí, para eso estoy yo misma. ¿Quién se cree que es?
—Quizá él se sentía inferior a ti.
—¿Inferior?
—Sí, sé que provienes de una familia de clase alta y él no, esas cosas pueden influir en la toma de decisiones. No sería raro que Aiden pensara mucho sobre este tema y se terminara convenciendo de que necesitas a alguien que pueda ofrecerte más de lo que él podía darte. La mente es muy fuerte y puede ir en nuestra contra muchas veces. Es la negatividad. Y por lo que tengo entendido, él te ha sacado en cara que posees más que él. Quizá sintió vergüenza.
—Vergüenza tuvo que sentir después de marcharse así como así.
—Puede que él sintiera vergüenza por todo lo que hizo.
—Pero yo me aseguré de que supiera que lo perdonábamos y que estábamos dispuestos a olvidarlo todo.
—Pero eso a veces no es suficiente. No para algunas personas. No cuando la negatividad en sus mentes es muy poderosa.
Suspiré.
—Siento que lo odio.
—No, no lo odias. Odias quererlo, es muy distinto.
—Quiero avanzar, quiero volver a estar tranquila, quiero ser la chica de antes.
—¿La de antes de ponerte de novia con él? —preguntó, anotando algo en su libreta.
—Exactamente. Esa Emma no sentía nada por nadie, estaba tranquila.
—¿Te arrepientes de haber salido con Aiden?
—A veces sí, a veces no.
—¿Por qué a veces no?
Ya tenía ganas de llorar. Esta conversación ya la había tenido con mi anterior psicólogo, era como un déjà vu, la misma conversación, la misma sensación de impotencia, de rabia, de dolor, de extrañeza y angustia. Todo empezaba a mejorar, y solo me bastó verlo para entender que nada estaba superado. ¿Siempre iba a ser así? ¿Hubiera dolido como ahora si me lo encontraba años después? ¿Por qué seguía afectándome si ya había pasado mucho? ¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Para qué?
—Porque tomo esto como un aprendizaje.
—¿Qué crees que aprendiste de esa relación?
—A no ser tan confiada, a no amar tanto para que luego no me rompan tanto el corazón —respondí, rencorosa.
—Eso es un efecto negativo, no uno positivo. Ni siquiera se lo puede llamar aprendizaje, Emma.
Rodé los ojos.
Me sentía patética, tonta.
—Me odio.
—¿A qué va a eso?
—Me odio por seguir queriéndolo. Es decir, ha pasado tiempo y yo sigo llorando como tonta. Se suponía que el comienzo de la universidad tenía que ser feliz, y en lo único que pienso es en Aiden. Temo que eso no me deje concentrarme como debería, temo que pase lo mismo que la otra vez. Me costó terminar la secundaria porque me sentía lo suficientemente deprimida como para sentarme a leer sobre hechos históricos, o para hacer problemas matemáticos. ¿Qué tal si pasa de nuevo? ¿Qué le diré a mis padres? Ni siquiera les he dicho a ellos que volví a ver a Aiden.
—¿Por qué no les has dicho? ¿No te parece que ellos podrían ayudarte mucho a mejorar, a volver a levantarte? Me dijiste al principio que tus amigos y tu prima intentan verte mejorar, que te apoyan. Tus padres podrían hacer lo mismo.
Negué.
—No los quiero preocupar. Mi padre volaría hasta aquí para asegurarse de que estoy bien.
—Eso es lindo, tu padre te ama.
—Sí, pero esto no tiene que ser así. Ellos creían que las cosas estaban bien, que el dolor se había ido, que solo quedaban los recuerdos, pero nada más grave.
—¿Crees que no puedes seguir? ¿Te sientes exactamente como la vez pasada? ¿Deprimida hasta el punto de no querer levantarte de la cama? Piensa bien en la respuesta.
Buena pregunta.
No. Tan así no. Me daban ganas de llorar. Pero no tenía la necesidad de irme a la cama a sentirme miserable. Quería progresar, quería ver mi crecimiento personal, quería madurar con mi experiencia universitaria, quería tener nuevos amigos, encontrar a alguien, enamorarme y poder mirarlo como Aiden miraba a esa chica. Quería ser feliz como él aparentemente lo era. Pero me molestaba el hecho de querer tener eso porque es él quien lo tenía. Cuando llegué a California, obviamente vine con todas esas ganas de cosas nuevas y buenas, lo mismo que deseaba ahora, pero sé que esas ganas se veían intensificadas por querer copiarle a él. Y siento que con eso volvía al comienzo. Volvía a cero.
—No, pero quiero tener todo lo que Aiden tiene por competición. Lo quiero por mí misma, pero lo quiero más porque él lo tiene —confesé, negando con la cabeza. Rodé los ojos—. Dios, soy muy patética en serio. Es muy estúpido lo que estoy diciendo, me avergüenzo de mí misma. Necesito tener ese empoderamiento que algunas chicas tienen.
—Tú también puedes tenerlo, tienes que ponerte a pensar en que quien estará para siempre contigo, eres tú misma, y que en vez de tener a tu mente como enemiga, debes convertirla en tu mejor amiga. Piensa en eso todos los días, escucha lo que tu mente te dice, quita lo malo y deja lo bueno. Día tras día. Son ejercicios que ayudarán a tu vida cotidiana.
—No es tan fácil —dije.
—Lo sé, yo no he dicho que lo sea, pero es un paso a la vez. Con este ejercicio, nuestras citas aquí, tus amigos, tu prima, la universidad, estos cambios nuevos que tienen que ser buenos para ti, vas a volver a avanzar. Tú no volviste al punto cero del marcador, tú te caíste y te estancaste un poco, pero puedes seguir avanzando, yo lo sé. ¿Cómo fue que empezaste a sentirte mejor antes? ¿Qué crees que te ayudó a no perder completamente la cabeza?
—Mi familia y viajar. Eso me distrajo, conocer nuevos lugares me hizo feliz.
—Bueno, ¿lo ves? No tienes por qué ocultarle esto a tu familia, y si viajar te ha hecho feliz antes, estoy seguro de que ahora te puede hacer bien para ayudarte a levantarte de esta caída y seguir avanzando. Viajar es una gran distracción, y tú tienes la posibilidad de ir a otra parte. Los fines de semana puedes salir con James a alguna parte, visitar la ciudad vecina y volver antes del lunes, que es cuando tienes clases. O, incluso, puedes proponer a tus amigos de la universidad recorrer la ciudad, estoy seguro de que la mayoría de los estudiantes son de las afueras, como tú. Cuéntame sobre eso. ¿Has hecho algún amigo?
—Sí, eso creo. Dos.
—¿Cómo se llaman?
—Aria y Ashton.
—¿Te caen bien?
—Sí. Ashton me pone nerviosa —cuando me di cuenta estaba sonriéndo.
—¿Por qué?
—Es lindo —me encogí de hombros—. De hecho, es el camarero que nos atendió la otra noche, cuando vi a Aiden.
—Vaya coincidencia...
—Sí, cuando hoy lo vi entrar al aula lo reconocí. Es guapo —confesé—. Me invitó a salir —le conté—. Saldremos el fin de semana.
—Le dijiste que sí —sonrió.
—Sí, hoy me levanté queriendo hacer nuevos amigos, queriendo ser más social, abrirme más a la gente.
—¿Lo ves? Esta mañana tenías esa actitud positiva, quieres avanzar. Otra razón para decirte que no estás de nuevo en el principio del camino, estás atascada, pero vas a salir adelante.
—¿No cree que me apresuré a salir?
—Obvio que no, tienes derecho a salir y divertirte. Necesitas esto. Te veré recién la semana que viene, a no ser que quieras concordar otra cita conmigo para esta semana, pero si no es así, entonces quiero que el lunes próximo me cuentes que te divertiste mucho en esa salida con este chico. Date la oportunidad de pasarla bien.
