Capítulo 2
—¿Señor? Este caballero no tiene nada, por mucho que me lleve unos veinte años, el hombre es guapo, lo que sigue de eso. Es alto, incluso cuando está sentado, su cabello es totalmente rubio y sus ojos son azules, un azul muy intenso.
—No se preocupe, Sr. Mason, además, si alguien tuviera que disculparse, serían ellos, ¿verdad? —dijo sacándome de mis pensamientos, con su mirada fija en mí.
—Ah... sí —dije un poco nerviosa—, me disculpo por nuestra tardanza, Sr. Smith.
Él me miró fijamente, mi hermana también se disculpó recibiendo un leve asentimiento en respuesta, sus ojos están sobre mí, ¡maldita sea! Me está poniendo nerviosa.
Sin más preámbulos, la comida pasó de manera normal y tranquila. Aburrida, sería la palabra correcta para definir la cena para todos fuera de la charla que los tres hombres tendrían, ya que papá, mi hermano y Smith hablaban de negocios como si en lugar de un comedor estuvieran en la sala de juntas de la empresa más importante del planeta.
Sin embargo, por mi parte no había mucha atención; mis pensamientos se dirigían a Gareth, me encontraba triste por ello, lo amaba, pero no estoy dispuesta a perdonarle una traición más, sería injusto para mí después de haberle dado tantas oportunidades. Lo amaba, lo amaba mucho, no había pasado ni un día desde lo sucedido y ya lo extrañaba como si hubieran pasado años, no lo había visto, estaba acostumbrada a mí, después de todo, dos años no pasan en vano.
En varias ocasiones, sentí la mirada de Smith sobre mí, pero no me importó, mi cerebro solo podía idear alguna forma de decirle a mi familia que mi relación con Gareth había terminado.
—Hija, ¿estás bien? —preguntó mi padre y cuando salí de mi burbuja, de mis pensamientos, todos me estaban mirando.
—Sí, papá —intenté sonreír para darle credibilidad a la mentira.
—Estás pálida, princesa, ¿quieres retirarte? —solo asentí, estaba segura de que si decía una palabra más, lloraría.
—Puedes hacerlo pequeña, luego iré a tu habitación —asentí de nuevo y me disculpé con los demás, sentí la mirada de Smith y eso me incomodó más. Desde que hicimos contacto visual, no dejaba de hacerlo.
Corrí escaleras arriba antes de que las lágrimas salieran, cuando llegué a mi habitación cerré la puerta y puse el pestillo, luego me tiré en la cama y comencé a soltar todas las lágrimas que había estado conteniendo hasta ahora.
Me desperté por los golpes insistentes en la puerta, me levanté rápidamente y la abrí.
—¿Qué pasa, pequeña? ¿Estuviste llorando? —fue lo primero que mi padre preguntó al verme.
Todo lo que pude hacer fue abrazarlo. Me apretó más contra su pecho diciendo de esta manera que, pasara lo que pasara, él estaba allí, que siempre estaría allí.
—Necesito decirte algo —dije con voz temblorosa, él asintió y salimos de la habitación.
Nos tomó unos minutos reunir a toda la familia en la sala, todos estaban sentados hablando entre ellos, así es como nuestros padres nos notificaban las cosas, así es como nos enseñaron a comunicarnos con la familia en general.
—He terminado con Gareth —dije de repente, logrando captar la atención incluso del pequeño Lorenzo que me miraba mientras mordisqueaba su labio inferior.
La noticia causó un silencio masivo en la sala, haciéndome sentir pequeña siendo el centro de tantas miradas.
Ninguno de ellos mostró emoción alguna en sus rostros, porque Gareth no era un mal chico a los ojos de mis padres, de hecho, en algunas ocasiones incluso mencionaron una boda cuyos protagonistas éramos el chico y yo. Su hija menor con el hijo mayor de una familia adinerada, no era un mal chico, tampoco era una mala elección y ellos lo sabían.
—¿Pero por qué? Estaban bien... —Mi padre fue el primero en hablar y en respuesta me encogí de hombros, apartando la mirada cuando mis ojos comenzaron a arder.
—Simplemente... ya no somos nada, papá —concluí bajando la cabeza cuando sentí lágrimas rebeldes en mis mejillas.
—¿Qué te hizo ese bastardo, Laura? —preguntó mi hermano enojado y negué con la cabeza, de todos en la familia, el único que no le gustaba Gareth era mi hermano.
Liliam, entre todos ellos, fue la que guardó las palabras y se levantó para abrazarme fuertemente, y entonces el sollozo que había estado reprimiendo salió de mi garganta resonando con fuerza en la habitación.
—Dios, mi pequeña —chilló mi madre y luego sentí sus brazos alrededor de mi hermana y de mí, un abrazo al que segundos después se unió mi padre y luego mi hermano, quien dejó un beso en la cabeza de mi madre, mi hermana y la mía.
Me encontré en mi habitación, después de confesar todo a mi familia, todos volvieron a lo suyo. Alexandre estaba enojado, dijo que cuando lo viera le rompería la cara.
—Laura, ¿estás bien? —preguntó mi hermana entrando en la habitación.
—Sí —dije en un susurro tratando de sonreír, ella me miró y se acostó a mi lado.
—No te preocupes, pequeña, todo estará bien —me dijo, sonreí. Liliam era tres años mayor que yo, pero siempre fuimos muy unidas, además de mi hermana, también era mi mejor amiga.
—¿Y papá? —pregunté tratando de evitar el tema. Ella sonrió tristemente y besó mi frente.
—Está con Ale, Leandro y el Sr. Smith en el despacho.
—¿Señor? No tiene nada de señor, Liliam, ¿no lo has visto? A lo mucho debe tener unos cuarenta años —dije y ella rió.
—Sí, Laura, lo sé, pero no ha pedido que lo llamen de otra manera —me dijo con una mirada divertida.
—Bueno, de todos modos, ¿cuánto tiempo se va a quedar aquí? —pregunté.
—Por lo que escuché, tres semanas y no se quedará aquí sino en la casita del jardín, tonta —dijo rodando los ojos, imité su gesto y ambas reímos.
—Bueno, ¿y Sarah? Es raro, no está llorando —reí y ella hizo lo mismo.
—Está con mamá, Amanda, Liam y Katherine en la cocina, subí para que pudieras bajar a cenar —dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta—. Rápido, Laura, papá y los chicos estarán aquí pronto —y se fue riendo.
Entré al baño y me duché, cuando salí escuché mi celular, lo busqué con la mirada y lo tomé. Es Martha, mi amiga de toda la vida.
—Hola, Martha... —no terminé de hablar, ya que escuché el bullicio musical de fondo.
—¡Laura! —gritó emocionada—. ¡Laura, te estoy esperando, pronto partirán el pastel! —gritó, haciéndome recordar que hace dos días le había prometido que iría al cumpleaños de su novio.
—Lo siento, Martha, estaré allí en media hora, espérame —dije y ella soltó un "más te vale" y luego cortó la llamada.
Me apresuré a vestirme, poniéndome un conjunto de lencería negra, un vestido rojo ajustado a mi cuerpo que hacía que cada una de mis curvas se notara, y tacones de aguja negros. Solo me maquillé y listo.
Tomé un bolso de mano y puse mi celular, dinero y mi lápiz labial rojo. Tomé las llaves del coche y salí de la habitación.
Cuando llegué a la planta baja, visualicé a mi padre, mi cuñado, mi hermano, su esposa y al Sr. Smith hablando en la sala de la casa.
—Buenas noches —y solo al mencionar esas palabras, tuve la mirada de todos sobre mí, pero la más penetrante de todas era la de Smith, quien parecía desnudarme cada vez que tenía la oportunidad.
