
La segunda oportunidad del multimillonario
Yescania Lucia Aviles · En curso · 30.6k Palabras
Introducción
Capítulo 1
—No puedo creerlo —digo, evitando dejar salir las lágrimas que ya se han acumulado en mis ojos.
—Laura, cariño, por favor, no quise...
—¿Ahora me vas a decir que no querías acostarte con ella? —lo interrumpo, ya gritando con lágrimas corriendo por mis mejillas.
En mis palabras solo hay un sentimiento de ira, una ira que crece más y más.
—En serio, amor, en serio, no quise... —me mira con una mirada suplicante, pero no estoy dispuesta a perdonar esto.
—Aquí se acaba, Gareth. —Él se resigna—. Adiós.
Y salgo de su casa tan rápido como mis pies me lo permiten, visualizo mi coche y me dirijo hacia él.
Empiezo a conducir a casa, y mientras lo hago, mi mente solo puede pensar en los últimos meses con Gareth.
Pensar que dos años de relación se fueron a la basura en menos de veinte minutos.
Todo por una infidelidad que de ninguna manera pienso perdonar.
Escucho el sonido de mi celular indicando que estoy recibiendo una llamada, miro la pantalla y aparece el nombre de mi hermana.
—Hola Liliam, ¿qué pasa? —pregunto al contestar.
—¿Hola Liliam? ¿En serio? —Está un poco molesta, y no la culpo, acaba de dar a luz a su primera hija y eso la tiene un poco estresada—. Papá está enojado, dice que si no llegas antes de que el hombre que invitó a casa lo haga, va a...
—¡Mierda! Lo olvidé, pero ya voy, dile que no se preocupe —digo rápidamente, cortando la comunicación y secándome la cara.
Solo estaba a una cuadra de llegar a casa. Papá nos había dicho que hoy llegaría un hombre que quería invertir en una de las empresas, y que lo había invitado, ya que el hombre vivía en Los Ángeles y no tenía intención de viajar, su segunda hija acababa de dar a luz a su tercera nieta.
Aparentemente, el futuro socio de papá está muy interesado en hacer negocios con él, ya que no se opuso ni objetó viajar desde Los Ángeles a Nueva York.
Cuando llego a casa, estaciono el coche y salgo de él, al abrir la puerta lo primero que veo son dos cabecitas de pelo castaño corriendo hacia mí.
—¡Tía! —dice Amanda, alargando la A—. Te extrañé. Amanda es la segunda hija de Alexandre, mi hermano mayor, tiene solo dos años.
—Pero solo fueron unos minutos, pequeña —digo tratando de ocultar la tristeza en mi voz, mientras la tomo en mis brazos y dejo muchos besos en su cara.
—Pero igual te extrañamos, tía —dice Liam, él es el hijo mayor de mi hermano, y también el nieto mayor de mi papá, tiene cuatro años, también es muy lindo, estoy segura de que cuando crezca será un rompecorazones.
—¿Dónde estabas, Laura? —Mi padre me mira con una expresión severa en su rostro.
—Lo siento, papá, lo olvidé, pero ya estoy aquí —digo avanzando hacia él y depositando un beso en su mejilla.
Él sonríe.
—Está bien, pequeña, pero ve a prepararte rápido, el señor Smith llegará en unos minutos. Dame a esta pequeña princesa, la llevaré con sus padres.
—Ok, papá —murmuro mientras dejo a Amanda en sus brazos y lo veo irse con Liam, siguiendo sus pasos.
Cuando subo las escaleras paso por el pasillo donde está mi habitación, que está al lado de la de mi hermana, al pasar por el frente escucho a la pequeña Sarah llorar.
Para tener solo una semana de vida, llora muy fuerte.
Decido preguntar si necesitan ayuda y toco dos veces la puerta, inmediatamente aparece Leandro, el esposo de mi hermana y padre de Sarah, con una expresión cansada en su rostro.
—¡Oh! Laura, ¿puedo ayudarte en algo?
—Pregunto lo mismo, Leandro, ¿quieres que te ayude?
—¡Sí! —grita Liliam desde adentro—. Por favor, hermanita, toma a Sarah mientras nos preparamos para el almuerzo, estamos cansados —me mira con una cara suplicante, asiento y me entrega a la bebé que lleva un pijama de conejito, se ve tan tierna.
Salgo de la habitación de Liliam y voy a la mía, cuando entro dejo a Sarah, que extrañamente no ha llorado, en la cama rodeada de almohadas, y entro al baño para ducharme.
Cuando salgo veo a la bebé dormida. Entro al armario y me visto con un vestido ajustado en la parte superior y una falda azul suelta, dejo mi cabello castaño claro suelto y me maquillo resaltando mis ojos verdes, al final me pongo tacones negros y listo.
—Laura, papá dice que bajes rápido —dice mi hermana entrando a mi habitación—. ¡Oh Dios mío! ¡La hiciste dormir! ¡Hermana, te amo! —dice al ver a su hija dormida en mi cama, solo me río y niego mientras me levanto y ella toma a la bebé.
Salimos de la habitación juntas, Liliam se detiene en su cuarto para poner a Sarah en su cuna y sale corriendo.
—Vamos, papá debe estar enojado —dice y toma mi mano.
Al llegar a la planta baja nos encontramos con Alexandre.
—Apúrense, Smith acaba de entrar al comedor —dice con el ceño fruncido.
Entramos al comedor juntas, y todos están sentados, así que en silencio nos apresuramos a hacer lo mismo.
—Disculpe la tardanza de mis hijas, señor Smith.
Mis ojos se abrieron de par en par al ver al hombre frente a mí. Lo observé de pies a cabeza y mi corazón latía tan rápido que temí que pudieran escuchar los latidos.
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