Capítulo 5
DOS SEMANAS DESPUÉS...
Esto no puede ser. No puede estar pasando. Esto simplemente no puede estar pasándome a mí.
Miro hacia arriba y dejo que mis ojos descansen en mi reflejo en el espejo sobre el lavabo. Sacudo la cabeza con lágrimas, con los ojos, la nariz y los párpados rojos de haber llorado en los últimos diez minutos.
Sollozo incapaz de mirar más allá, sintiendo que me hundo con cada segundo, como si estuviera en un laberinto que solo tiene pasadizos, pero sin salida.
¿Qué se supone que debo hacer ahora?
En las últimas semanas, traté de mantenerlo a raya, ignorándolo siempre que podía; Jhonny intentó varias veces acercarse a mí, pero no hice más que huir de él como una rata asustada, huyendo de la vergüenza que siento por haberme acostado con un hombre que acababa de conocer, y finalmente entendió que no quería tenerlo cerca, así que hace unos días dejó de intentarlo.
Impulsada por un arrebato y la rabia del momento, salgo de mi habitación, cerrando la puerta en silencio para no despertar a nadie, ya que es la una de la mañana. Casi corriendo, salgo de la mansión en dirección a la casa del jardín, mis puños están apretados, tanto que por un momento la idea de partir el plástico en dos en mis manos cruza por mi mente, pero aun así no disminuyo mi fuerza, no puedo hacerlo, siento que ni siquiera soy yo.
La puerta cerrada me recibe y con el corazón a punto de salirse de mi garganta, golpeo tan fuerte como puedo.
Jhonny abre la puerta no muchos segundos después, su cara somnolienta cambia poderosamente cuando me ve frente a él, ahora la confusión y la ira causadas por verme en medio de la madrugada después de haberlo evitado, le hacen imposible ocultarlo.
—¿Qué quieres, Laura? —pregunta ciertamente molesto, lo empujo a un lado y entro en la sala de la casa, él cierra la puerta y se vuelve para mirarme— Dime qué quieres de una vez, tengo que trabajar temprano.
—Estoy embarazada. —lo suelto sin anestesia.
JHONNY
Estoy embarazada.
Esas dos palabras resuenan en mi mente, haciendo eco en toda mi cabeza, dejándome inmóvil, confundido, con el ceño fruncido y los labios ligeramente entreabiertos, mientras mis ojos están en los suyos llenos de lágrimas, y soy incapaz de pronunciar una palabra.
—¡Di algo, idiota! —grita al borde de la desesperación y a punto de llorar.
—¿Embarazada? ¿Es mío? —lo suelto dudando, porque sí, dormimos juntos, pero... Usamos un condón.
¿O no?
No recuerdo, estaba borracho, no tan borracho como ella, pero lo estaba y ahora no recuerdo si usé un maldito condón o no.
Maldita sea.
—No, maldito idiota, solo quería decírtelo para que fueras el padrino de bodas —responde recurriendo al sarcasmo para no tirarse al suelo y llorar—. ¡Por supuesto que es tuyo! —grita con voz ahogada.
Estoy sin palabras, esto no puede estar pasándome a mí, ¿cómo demonios van a estar embarazados? Tengo una vida en Los Ángeles, en menos de una semana vuelvo allá, y ella no puede simplemente aparecer y decirme que está embarazada, maldito el momento en que me acosté con ella.
—¿No te cuidas?! —grito enfadado, pensando en todo lo que se me viene encima con esta estupidez.
Apenas salen mis palabras, ella se derrumba y estalla en lágrimas, haciéndose vulnerable ante mí por primera vez.
Suelto el aire de mi pecho, paso una mano por mi cabello mientras le doy la espalda y comienzo a caminar por el lugar sin rumbo y con pasos cortos.
Tengo una vida en Los Ángeles, no puedo simplemente llegar de la noche a la mañana y decirles a mis padres que voy a tener un hijo y que no es de la mujer con la que he estado comprometido durante cuatro años.
No puedo llegar a casa y decirle a mi padre que he embarazado a la hija menor de uno de sus socios más importantes.
Me gustó Laura desde la primera vez que la vi, es una mujer muy hermosa, sus ojos verdes son llamativos, su cabello castaño es tan largo que llega hasta la parte baja de su espalda, ¡y Dios! Su cuerpo es perfecto, tiene curvas en todos los mejores lugares. Pero no es la mujer que quiero para la madre de mis hijos, no cumple con mis expectativas. No lo hace.
Desde el tiempo que he estado aquí sé que su familia es conservadora, su padre es muy estricto, pero ella es su debilidad por las veces que he hablado con él. Sé que ella es su pequeña, la miran como a una niña. Todos son muy conservadores, su hermana y su hermano han tenido hijos después de casarse y estoy seguro de que eso es lo que ella teme; decepcionar a su padre y que su hijo no tenga una figura paterna.
Y voy a usar eso a mi favor.
—Solo hay una solución para todo esto —me detengo sujetándome la barbilla— debes abortar.
—¿Qué?... Ah... ¡No! —responde con la sorpresa aún en su rostro.
—Escucha, Laura, sabes muy bien que tu padre se enojará contigo cuando se lo digas. —Me mira atentamente, tratando de secar las lágrimas que crecen cada vez más—. Solo estoy aquí por tres semanas y solo queda una y lo más probable es que me vaya antes. No volveré, si quieres que tu hijo nazca, tendrás que criarlo sola —le digo con toda sinceridad.
—Por supuesto que no abortaré —dice, saliendo de la casa aterrada, y antes de hacerlo, deja algo en la mesa. Me acerco y es una prueba de embarazo positiva.
Exhalo y miro al techo con la cabeza a punto de explotar.
—Dios, ¿qué he hecho? —susurro para mí mismo.
No puedo causarle otra decepción a mi padre, no más, le prometí después del segundo infarto resultante de una discusión conmigo.
Aprieto la prueba de embarazo en mi mano y la miro una vez más, la guardo en un bolsillo de mi maleta y me recuesto en la cama.
—Maldita sea, no quiero ser padre —me repito, aún sin poder creerlo.
Un bebé es una gran responsabilidad.
La imagen de Laura viene a mi mente ese día en la piscina con la niña pequeña de Leandro en sus brazos, se veía muy linda. Rápidamente, mi cabeza comienza a imaginar a Laura así, pero en lugar de la hija de su hermana y Leandro, con nuestro bebé.
Mi bebé.
Una extraña sensación se acentúa en mi pecho al percibir la realidad de eso, lo que temo.
